Risotto al azafrán, por Katherine Medina Rondón

A Enrique y Mariel, por no temer a hospedarme en sus corazones.


A mi madre, que cosió con devoción mis alas.


Y a ti, Gabriel, porque hemos ejercido el derecho de
amarnos como nos viene en gana.

 
 
 
Advertencia

[Las letras están hechas para ser cocidas]

No es fácil cocinar

se necesita ráfagas de contemplación

habilidad aritmética

Y

dulzura hiriente.
 
 
 
 
Ingredientes [2 comensales]

Solamente cede

el límite de los ingredientes

marcados a fuego lento

sobre la voz de tu fuente

sobre la historia escrita en tus palmas

hasta percibir el carácter

siempre inocuo

para no perder el sabor.
 
 
 
 
Mantequilla

Sus ojos derramaban estrellas

que brillaron hasta hacerse un firmamento
 
 
El cruzó los desiertos de la vida

dejando un tibio rastro

mientras descubría su camino.
 
 
 
 
Cebollas picadas

Aún estoy

en el aire que se filtra en el rincón
 
 
Soy

el pañuelo olvidado en el armario,

la lenta rutina que seduce

la temida barbaridad del olfato.
 
 
 
 
Queso parmesano recién rallado

Me escurro mortífera

sobre tu cabeza

recorriendo rápidamente

hasta tus huellas dactilares

Y

miras aplicadamente el suelo

orgulloso sin sacar tu paraguas.
 
 
 
 
Caldo de ave

Callada entre los gritos permanece

dentro tuyo nuestra sombra

como una sopa mal cocida

sin sabor ni consistencia.
 
 
 
 
Aceite de oliva extra virgen

Las acrobacias hablan mal

de los caballeros erectos

y en los restaurantes

no abundan caballeros

aunque tal vez los elefantes

sean los menos caballeros

a causa de la sinuosidad de sus trompas.
 
 
 
 
Azafrán
 
Ardía un infinito perfume
 
en su máscara de comensal
 
 
Él
 
escapaba de sí
 
tras los muros del aire
 
revelando su amargo aroma
 
 
Nunca entendí la raíz de su violencia
 
 
A solas
 
su cuerpo escribía
 
el lenguaje afilado de la muerte.
 
 
 
 
Sal

Un poco de sal

sobre el cuerpo desnudo

y la carne vivirá

en la entrega apesadumbra de la noche.
 
 
 
 
Arroz

Toco tu boca

             entreabierta

sin quebrantar la seriedad

que gobierna tu cara

de pronto todo hierve

en un breve y terrible absorber

simultáneo de aliento.
 
 
 
 
Recomendaciones para la mesa

Mullir el mantel hasta palpitar de pronto una galaxia.

II

Las velas en la mesa están de más

el lenguaje afilado

o el coro del silencio

se transforman en esa dulce melodía

cuando las cucharas lleguen a nuestras bocas.

III

Las servilletas dobladas

servirán para limpiarse las pestañas

de esas cosas que escupen las calles

sobre las colillas del ojo.

IV

Si de pronto no resisten hasta después de comer

besarse como si tuvieran la boca llena de aves y flores.
 
 
 
 
Emplatado

Sirva el risotto al azafrán

rallando sobre él

mi ternura atada a sus ojos ciegos

un poco más de manos ausentes

y a continuación

una cucharada de desquicie en polvo por plato

Decore con una hierba fresca

cabalgando en el viento

y a disfrutar. ¡Buen provecho!
 
 
 
Sobre la autora

Katherine Geraldine Medina Rondón (Arequipa, 1994) Estudió artes plásticas en la Escuela Superior Carlos Baca Flor sin continuarlos por legítimas negativas. Actualmente estudia Literatura y Lingüística en la Universidad Nacional de San Agustín donde vive día a día un intenso y tortuoso romance con la palabra. Ha publicado: Murmullos y volantes (2012). Obtuvo el tercer puesto en el género poesía del concurso Jorge Eduardo Eielson (2012) y colaborado en diversas revistas tales como: PléyadeCastillos en aireApostasía y Destiempos modernos.

1 comentario en “Risotto al azafrán, por Katherine Medina Rondón

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