Feliz Cumpleaños, de Thiago Galdino. Traslación por Lia Duarte Mota y Porto Brasil Idiomas

*Arte por José Luis Flores

FELIZ CUMPLEAÑOS

Me desperté más temprano de lo habitual, encendí un cigarro y me senté a la mesa. Me puse a observar las hormigas que comían un pedazo de pizza de la semana pasada, que nunca había sido retirada de la caja, y a las cucarachas que se ahogaban en las tazas de café remanentes. En el medio de la nube azulada de humo, noté que uno o dos ratones se llevaban la última rebanada da pan que me quedaba. Por debajo de la puerta de acceso, la aurora empujaba pedazos de sol.

El reloj cuco permanecía parado, la gruesa capa de polvo corroía los engranajes viejos. Pensé arreglarlo hace un par de años, pero las horas hace mucho perdieron el significado en mi existencia. Después de los ochenta la vida pierde el brillo, como una pintura antigua que se desgasta con el tiempo; mi esencia es consumida por los hongos, y la moldura se disocia en partículas de polvo.

Una tarjeta postal sobre la alfombra del living me desea feliz cumpleaños, remitida por la institución financiera de la ciudad – la única que se ha acordado de mí los últimos diez años, sobretodo porque pagué por las tarjetas recibidas, con interés, en la liquidación de varios créditos que pedí. Nunca tuve hijos, tampoco estuve casado, pero tenía algunos amigos cuando era joven. Y sólo en la juventud ellos quedaron…

Ni siquiera vecinos, parientes o una mascota. Nadie que llene conmigo los días que parecen sin fin. Ninguna sonrisa que pueda parar la tormenta que insiste en caer dentro de mí, desbordando de angustia la protección de mis ojos. Bebo agua y siento en ella el gusto amargo del desprecio y de la soledad. Sueños que tejen la línea de la vida y que cambian el rumbo del carretel a cualquier soplo posible, haciendo que las metas se transformen en destinos imposibles. Planes nunca concretados, esperanzas muertas prematuramente, reflejos de un futuro pasado, tardío e inaccesible.

Enciendo otro cigarro y pronto desisto de fumar; pienso en abrir las puertas y decido cerrar también las ventanas; me busco por toda la casa y no logro encontrarme… Los espejos dictan formas, cóncavas e irreconocibles. ¿Conspiran en contra de mí, o será que este soy yo, a fin de cuentas?

… Me canso de no hacer nada y oigo los muebles susurrando mi nombre.

“Nosotros lo felicitamos también”. Cuadros tortuosos profiriendo pronombres personales, mientras la nueva edad empieza a pesarme las piernas, debilitadas por la vejez. Camino con dificultad hasta el dormitorio, y me ahogo en dobleces de sábanas llenas de historias, tramas, amores y dolores. La ansiedad domina el cuerpo, que hace caer los párpados sobre las córneas grises de tristeza. El velo de la noche me cubre de sueño, mientras renuncio a las distracciones. Acepto simplemente dormir.

… Comenzará todo otra vez, un círculo vicioso, que ojalá termine muy pronto.

 

FELIZ ANIVERSÁRIO

Acordei mais cedo que o habitual, acendi um cigarro e sentei-me à mesa. Fiquei observando as formigas comerem um pedaço de pizza da semana passada, nunca retirada da embalagem, e as baratas se afogarem em xícaras de cafés remanescentes. No meio da nuvem azulada de fumaça, notei ainda um ou dois ratos levando embora a última fatia de pão que me restara. Por baixo da porta dos fundos, a aurora empurrava cacos de sol.

O relógio cuco permanecia parado, a grossa camada de poeira corroendo as engrenagens velhas. Pensei em consertá-lo anos atrás, mas as horas há muito perderam o significado em minha existência. Depois dos oitenta a vida perde o brilho, como uma pintura antiga que se desgasta com o tempo; a minha essência é consumida pelos fungos, e esta moldura se dissocia em partículas de pó.

Um postal sobre o tapete da sala de estar me deseja feliz aniversário, remetido pela instituição financeira da cidade – a única a lembrar-se de mim nos últimos dez anos, principalmente por que eu pagarei pelos cartões recebidos, com juros, na quitação dos vários empréstimos que já fiz. Nunca tive filhos, também não fui casado, mas tinha alguns amigos quando novo. E na juventude eles ficaram…

Nem mesmo vizinhos, parentes ou um cão de estimação. Ninguém para preencher comigo os dias que parecem não ter fim. Nenhum sorriso que possa parar a tempestade que insiste em cair dentro de mim, transbordando de angústia os anteparos dos meus olhos. Bebo água e sinto nela o gosto amargo do desprezo e da solidão. Sonhos que tecem a linha da vida e que mudam o rumo do carretel a qualquer sopro do acaso, tornando metas em destinos impossíveis. Planos nunca concretizados, esperanças mortas prematuramente, reflexos de um futuro passado, tardio e inalcançável.

Acendo outro cigarro e logo desisto de fumar; penso em abrir as portas e decido fechar também as janelas; procuro-me pela casa inteira e não consigo me encontrar… Os espelhos ditam formas, côncavas e irreconhecíveis. Conspiram contra mim, ou será que este sou mesmo eu, enfim?

… Canso-me de fazer nada, e ouço os móveis sussurrando o meu nome.

“Nós o parabenizamos também”. Quadros tortuosos proferindo pronomes retos, enquanto a nova idade começa a me pesar às pernas, enfraquecidas pela velhice. Caminho com dificuldade até o quarto, e afogo-me em dobras de lençóis impregnadas de histórias, enredos, amores e dores. O sufoco apela pro corpo, que desaba as pálpebras sobre as córneas acinzentadas de tristeza. O véu da noite cobre-me de sono, enquanto renuncio a todo custo os devaneios. Aceito apenas adormecer.

… Começará tudo outra vez, um círculo vicioso que, torço eu, acabará muito em breve.

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