La noble pobreza en la poesía de Jesús Montoya

***

Mi conciencia es vieja
áspera y maldita.
Me están matando las veces que perdoné entre las flores.
Perdoné,
perdoné y nada más quedó el silencio.
 

*

Escribo desde el pasado, al pasado siempre vuelvo, son las noches de mis años. Son hondas las heridas, cortos los amores, invisibles, los amores. Son las noches de mis años. Mis manos calcando el horizonte. Mis ojos mudándose de espaldas, silbando desde el corazón del viento. Son las palabras que me callo. Son las bocas que se llevaron la mía. Son los recuerdos que me crecen como luces en la piel. Son las lunas que le devolví a la noche para que no me dejara solo, para que no me dejara solo. Son todos los nombres, que de tanto gritar, marchité. Son los dedos ciegos, las sombras y los barrios. Son las calles vacías que me borran los recuerdos. Reconozco lo que siento. Mi voz curtida titilando desde esta habitación, quemándose en mis poemas, trepándose en mi dolor. He vivido todos los poemas que no he escrito, siendo el agua y la orilla, el agua y el beso, el pasado que escribo cada noche, durante la noche.

 
 
 

***

Tengo miedo de quedarme solo en bares solos.
 
Solo y encerrado,
solo, como lo predecía mi madre
todos los días quedándose dormida
rezando por mí.
 
Solo y sólo con las sábanas desteñidas
solo y sólo con la voz del corazón,
solo y sólo,
conmigo y nadie más.
 
 
 

***

Entre el desorden de mi vida,
de estas horas sin dormir que no pasan,
de este pecho y este corazón anciano
que vive enredado en sabanas mugrientas,
entre el desorden de mi vida,
de esta puesta de sol que no existe
de esta enfermedad
de estos ojos llorosos
y esta nariz roja, rota,
entre el desorden de mi vida
en mi retrato
en mis manos
en la ausencia de mamá
en la ropa vieja y la alegría,
entre el desorden de mi vida pueden
buscarme,
arroparme de abrazos,
darme el último beso
y despedirse conmigo de mi vida,
entre el desorden de mi vida
pueden señalarme el mar aunque este lejos
porque siento como se derrama
porque siento su voz
elevándose
atravesando la mía,
entre el desorden de mi vida
díganme cómo puedo comenzar a caminar
otra vez,
cómo puedo comenzar a amar otra vez
cómo puedo jugar con el barro
y mancharme el rostro,
cómo puedo decir siempre sin sentirme
el más culpable de los hombres,
entre el desorden de mi vida
hasta podrían perderse
hasta podrían enamorarse,
entre el desorden de mi vida
no hay peso
ni rastro
ni horizonte
ni estrellas,
hay una habitación sucia
un bombillo que no enciende
unos zapatos empapados
de lluvia,
un corazón quebrado.
 
 
 

***

Fumo sin parar desde la mañana,
si paro me abrazarán las rosas.
Giorgos Seferis

Amo la pérdida. Amo mi absoluta desaparición. Mis ojos despegando con el viento, enredados, enraizados con la luz de la tarde. Camino sobre la lluvia escribiendo el poema. Escribo el poema en mi alma y la lluvia lo aplasta. Fumo y escribo el poema inagotable. Lo escribo desde mi rostro, este rostro sin movimiento que nadie ve, este rostro de colores abandonados, colores, que ningún labio toca, que ningún labio arranca, este rostro que es ojera y risa, grito y muerte, azul y sangre. Mis besos son canciones. Diré que no sirvo para nada. Diré la verdad. Diré que soy niebla entre la niebla, y yo amo mi insondable desaparición. Tengo vacíos los cuadernos y la casa y mi esperanza también está vacía, esperanza viento, esperanza humo. Rezo porque olvido. Fumo y escribo el poema, lo conozco. He conocido el poema como una plegaria. Lo he conocido desde el charco, desde el hielo enamorado de mis manos. Amo como nadie y a nadie amo. Amo la pérdida. Amo desde el aire y desde él escribo el poema. He escrito el poema y lo he perdido. He escrito el poema y lo he matado. He escrito orilla y mano, quebranto y olvido. Me sé de memoria esta infinita pérdida.

 
 
 

***

Una tarde con la mirada perdida en los baños del bar
empañé mi rostro con mi aliento
y se extendió en el espejo,
nunca pude recordar qué me dije,
las palabras van apagándose
velozmente en mi memoria
y la soledad de aquella tarde
no es más que un hecho invisible
que seguirá siendo invisible
transformando mi voz
enredada en mis labios
las cancioncitas contraídas
en el tiempo que hablan del tiempo
y marchan sin él con tanta dulzura
les juro que me hacían llorar
y enseguida reír
mientras me cantaba en el espejo
las heridas ardiendo,
ardiendo los recuerdos
que no me quedan de esa tarde infernal,
a lo mejor las palabras que se apagan
son canciones que encandiladas
venían a vararse en mis labios,
porque cantar también es una forma de estar solo,
quizá la más bella que he conocido,
quizá la más bella que recuerdo.
 
 
 

***

Óigame,
óigame
como yo oí a tanta gente decir:
vamos, vámonos con la noche,
ahí cabemos todos,
como yo escuché gritar
botella
plaza
mano
corazón,
corazón al medio día,
venga y enrédese y créame
la vida no me cabe en una frase,
en un poema,
la vida me cabe en la vida
y más allá
oía yo decir tantas pero tantas cosas bellas,
ahogándome de risa con los amigos de los amigos,
ahogándome de risa para después
quedarme a solas
con la mañana repleta de hojas secas sobre el vientre
sin una puta palabra por escribir
con la voz entrecortada
y las voces de otros rompiéndome la cabeza,
escúcheme que nadie oye mi llegada ni mis sueños
deje caer sus oídos
sus ojitos negros
aquí,
todos los días son una parranda
un sabor distinto
un color hermoso.
Tómeme la mano con fuerza,
le juro que me hace feliz,
y se lo digo a los muchachos
y se lo digo a usted,
no nos vendría mal otra noche
subirnos todos
clavarnos las estrellas en los ojos
bajarnos entero el firmamento
y devolverlo en la mañana.
Venga
acérquese
escuche 
una historia tensa
acalorada y musical,
una historia honesta,
límpieme las ojeras del rostro
sálveme de mis dudas,
mis días
y mis noches tienen grietas,
tengo frío en las mañanas
mucho frío
y la muerte crece y crece en mis adentros
y me besa la frente cuando amanece,
escúcheme temblar
a toda hora
sin rumbo y sin caminos,
sosténgame en el aire
aquí estamos perdidos,
súbase a la noche,
frote su garganta con el agua equivocada
quémese a mi lado,
porque la vida sólo es vida en llamas,
porque no hay razón para dormirse en ningún sueño.
 
 
 

***

Si tienes un amigo que toca tambor
cuídalo, es más que un consejo, cuídalo
porque ahora ya nadie toca tambor
más aún, ya nadie tiene un amigo.

Manuel Morales

 
Te quiero porque eres capaz de negarlo,
porque te afliges y me lees un poema en el baño de un bar,
porque me dices que el baño apesta
y juntos descubrimos por qué,
te quiero al salir a ratos por las avenidas,
por perder juntos la noción del tiempo y de las cosas,
por comprar vida barata
y metérnosla en el cuerpo,
te quiero porque con los ojos desorbitados
sin saber quién eres ni cuánto posees
también me quieres,
te quiero dormido en distintas sillas,
tirados en la cama de un hotel,
acongojados en medio de la gente,
te quiero en esta ciudad solitaria
que sin ti se va volviendo
poco a poco tenebrosa,
te quiero cuando cepillas tus dientes en la acera
y me dices que no sabes cómo vamos a volver,
porque de hierro es el brillo de tus ojos
porque sabes cuando no necesito estar solo,
porque la brisa roja nos convierte de nuevo en niños
y no dejamos de querernos,
te quiero.
 
 
 

Canto

Canto y los recuerdos agrandan la ciudad. Canto y las ventanas se abren. Canto y la lluvia distorsiona mis ojos. Canto desde un bar merideño, desde la magia violenta de una esquina. Canto y hago que bailo y me río viendo el techo en soledad hasta que el sueño me revienta los ojos. Canto y la oscuridad se duerme. Canto y nadie viene a buscarme. Canto y la esperanza pinta otros colores. Canto y los muelles dejan de ser promesas. Canto y busco una desoladora imagen donde abandonarme. Canto y mi alma se transforma en una ola. Canto después del fuego, de las noches que brillan amargamente entre mi sangre. Canto y mis palabras inventan un terrible perfume que me cubre. Canto y mis palabras me odian. Canto y guardo el secreto de estos diecinueve años armoniosamente muertos.

 
 
 
Sobre el autor

Jesús Montoya (Tovar, Mérida, 1993). Estudiante de Letras mención Lengua y Literatura Hispanoamericana y Venezolana de la Universidad de Los Andes – Estado Mérida, Venezuela. Fue invitado por la Casa Nacional de Letras Andrés Bello a la octava edición del Festival Mundial de Poesía en la ciudad de Caracas como representante del estado Táchira, así mismo, un par de meses después le otorgan el tercer lugar en la mención de poesía en el concurso Explosión Cultural Bicentenaria en el ámbito nacional en conjunto con Josué Calderón y Fernando Vanegas por el poemario Once poemas en los cuadernos de noviembre (Caracas, 2011). Es cofundador del grupo literario Los hijos del lápiz. Fue invitado al Festival de Poesía de Maracaibo (Zulia, 2012). Obtuvo una mención de honor en el primer Concurso Literario Internacional “Casa de la UNCO” (Chile, 2012). Mención de honor en el concurso literario: Homenaje a José “Pepe” Barroeta convocado por la Universidad de Los Andes (Mérida, 2012).

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