El treinta y cinco – de Cilia Romero Sosa

“Andábamos sin buscarnos, pero
sabiendo que andábamos para encontrarnos.”
Julio Cortázar – Rayuela

Mi amigo el 35 dice que soy una romántica, me acusa de inquieta, efusiva, intensa y empalagosa. Escribe y no lo comparte, es difícil, reservado, no se hace notar.

Todas sus cuartillas las lleva consigo en alguna parte. Noventa días y dos horas de retiro no fueron suficientes para escarbar sus memorias.

El 35 es un tipo a veces cauto, ingenioso, por tiempos apasionado, enérgico y flemático – todo un misterio – me entretiene con sus acotaciones retóricas y sus gestos foráneos. Disfruta del silencio pero prefiere la música. Habla, gesticula, ríe y me tiene toda.

No hay duda, miro y lo remiro y lo vuelvo a mirar y a remirar; es lindo, tiene los ojos chicos y el rostro siempre fresco y jovial. Cuando ríe se le achinan los ojos y se le inflan los cachetes de piel de durazno.

No hay duda, miro y lo remiro y lo vuelvo a mirar y a remirar; no hay mutaciones internas. Lo conozco y desconozco, lo acerco y alejo, lo pretendo y desprecio. Aun más cuando me compadece y se acerca despacio con la mirada sufrida que parece disfrazada de ternura y caridad.

Habla, siempre habla, no me aturde. Mas luego de tantas charlas, gestos, indicios, empiezo a comprender con más claridad los porqués de mis síntomas, tenía que echar a un costado mi perspectiva inquieta, efusiva, intensa y empalagosa y poner los pies en la tierra, de lo contrario me destrozarían.

Hay almas que vienen, devienen, conquistan, peregrinan, cruzando puentes, franqueando muros, dejando escombros, solo para después no poder ser. Son los escombros a veces rocas, por tiempos ladrillos, o en ocasiones gestos de arena y de cal.

El 35 dice que soy una soñadora, que paso por el mundo para construir – quien sabe qué – ¿muros que acarrean escombros? o ¿puentes que llevan a algún lugar? – quién sabe dónde

Lo cierto es que con el 35 los puentes no llevan a ninguna parte, pero el viaje es muy ameno, es tranquilo. Cruzamos el puente y estamos perdidos, la ruta es delgada y pareciera no tener final, bordeada de verde, música y calma. Andamos sin tráfico mientras habla, gesticula, ríe y me tiene toda.

-Nos vemos a la vuelta – dice, gira y va.

Lo cierto es que con el 35 no hubo día en que no reí.

 
Sobre la autora

Abogada por la Universidad Nacional de Asunción. Editora Ejecutiva de LIMACLARA EDICIONES, Buenos Aires – Argentina. Articulista en El Menjunje y La Vox Media – México. Desde el año 2012 a cargo de la Organización de Fomento y desarrollo de la promoción de la lectura en los niños por medio del proyecto recreativo y cultural “Contame un Cuento”.

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