Selección de poemas de Mario Alberto Morales – Arte por Beatriz Marassi

FRUSTRACIÓN DE LA LOCURA

La voz caminó durante varios días hasta llegar al lugar de la cita.

Estaba lleno, muchos sonidos retumbaban las paredes de aquel ambiente, las moscas también estaban cerca, volando en las mentes podridas que ahí se encontraban. Teorías, poemas, cantos y mucho licor en esa noche, sin guitarras, sin libros, con basura.

Los pasos llegaron con la brisa nocturna, ebrios y perdidos, en la nube de la hierba, pidiendo agua para la sed, pero solo había basura.

También unas manos acariciaron el aire, descompuestas por la heroína, con sangre de borrego, con dedos de pianista, y en la cutícula olores a carroña… Todo daba vueltas, todo da vueltas, todos damos vueltas, y las miradas ya confusas tropezaron ahí mismo, al lado de las voces, cumplían también con la cita, fortuitamente había un campo para ellas, en esa noche, en ese baile sin sabor.

Asombradas con las manos, con los pasos y con las moscas del lugar, retrocedieron. Las miradas son profundas y otras veces taciturnas y sutiles.

Había aún espacio para más basura, para más mierda, pero no había tantas moscas que la sobrevolaran.

Las carcajadas daban ánimo al descontrol, los mil y un destellos del maligno devenir surcaban los cielos y festejaban los pasos, las manos, la voz, y algunas veces, hipnotizadas, las miradas.

¿Pero, cómo puede opacarse tanta mierda?

Las MANOS que moldean la historia están punzadas por los ácidos, por sustancias que carcomen; los PASOS que moldean el caminar y el devenir están perdidos, buscando agua entre la basura; las mentes siguen podridas, han dejado escapar sus VOCES, las paredes del ambiente son aún blindadas, no pasan los disparos de la locura y todos cuerdos celebran en la noche de la vida.

No pasan las granadas cargadas con libros, instrumentos, sueños, porqué aún es débil el atreverse a romper la ley.

Las MIRADAS analizan, desde adentro, desde afuera, en la fiesta y en el andén, merodean y perciben, hablan más que cualquier palabra, ella y la voz aún no chocan…

Queda mucho por decir, mucha mierda por tapar y basura por remover. La locura no se escucha, la cordura se imita, y aún hay muchas moscas en el aire.
 
 
 
Mi ciudad

Hoy es un día sin aurora,
Un día de prisa y calma.
Tambaleando.
Hoy es uno de esos días en el que cerrar los ojos relaja.
Un día en que un cigarrillo puede masticarse, soplar y escupir veneno.
Todo alrededor parece envenenar.
Transeúntes pálidos de trabajar,
Transeúntes insípidos proliferando bienaventuranzas,
Transeúntes observando,
Transeúntes torpes,
Envenenados,
Otros más, masticando tabaco entre su humo.
Hoy la sonrisa está ausente,
El gris de la tarde no aparece y la luna nueva refleja soledad.
Hoy es un día de esos raros,
Un día de reflexión, un día no escrito en prosa.
Un despertar con el vacío entre las tripas,
Una mañana de utopías y labores, un grato almuerzo insípido y desolado,
Entre miradas esclavas de rutinarias acciones,
Entre palabras mal venidas de bocas soeces e hipócritas.
Una tarde resplandeciente y un café cargado que permite versos,
Una taza hirviente que pasma el alma,
Que detiene,
Que hace pensar…
Hoy es un día en el que aborrezco a los que caminan entre andenes de cemento y paredes claras.
Un día de aquellos, en donde de sopetón, sacude tu mirada las neuronas,
Un día insípido como este café,
Un día, que lejano, estaba por llegar.
Un día entre tantos que vendrán, enmascarados, riendo a las espaldas.
Una calle, unos miembros, los robots y, nadie,
¡Nadie da un grito para despertar!
 
 
 
Monólogos

Siempre que cerraba los ojos llegaba tu imagen.
Cuerpo glorioso dibujado desde mis pupilas hacia adentro.
Palabras y recitales cortos;
Manos que acariciaban mi mejilla y producían un estupor en mí.
Aquella voz era orgásmica y fuerte,
Tonos graves viajando por mi canal auditivo. Seducción a mi cerebro.
Siempre que cerraba los ojos llegaban tus pasos.
¡No pasos de mujer!
¡No pasos de hombre!
¡Ningún paso de figuras humanas!
Energía única y Universal, vagamente percibido por mi interior.
Llegó el momento de abrirlos, de galopar de la mano con la realidad.
Sentí nostalgia, vacíos, revoltura en la barriga con silencio.
¡Esa imagen y cuerpo glorioso eran efecto de mi imaginación!
¡Esas manos en mi mejilla eran mis súplicas a amarme!
¡Esa orgásmica y fuerte voz era lo que deseaba oír de alguien!
Esos pasos, los que no me atrevía a dar.
Es tanta la maravilla del pensar que me pregunto:
¿Hay más mundos compartidos al lado de tu y yo que somos uno?
Monólogos, verdades.
 
 
 

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