La mosca, cuento de Ariel Azor

Una mosca, haciendo equilibrio, camina por el borde del vaso siguiendo su forma circular, hasta que pierde la estabilidad y cae en el líquido. El Figueroa sonriente la observa como con sus alas mojadas le es imposible escapar, extiende uno de sus dedos y antes de que se ahogue la pone sobre la mesa. Con el mismo dedo la señala y larga la carcajada, el Sapo y el Caballo hacen lo mismo. La mosca, borracha, gira sobre sí misma, intenta volar un par de veces y cae inmediatamente, se sacude y cuando logra al fin secar sus alas desaparece por la ventana abierta. El Figueroa, el Sapo y el Caballo creían que era siempre la misma mosca que todos los días venia a saludarlos al bar de Los Bichos, a tomarse un trago, de arriba, con ellos. El Figueroa, igual que la mosca no tomaba tinto como los otros, sino clarete rosado dulce. Luego, extrajo un pedazo de antena de televisión del bolsillo interno de su saco, lo introdujo en el vaso y comenzó a aspirar.

               ―Yo nunca vi tomar vino con una antena  ―comentó el Sapo

               ―Ustedes que saben, las antenas son galvanizadas y nada es más sano que eso  ―replicó Figueroa defendiéndose. Los otros dos se miraron levantando las cejas y decidieron no hacer más comentarios―  Aparte desde que tengo cable ya no la preciso y como es larga no tengo que doblar la espalda  ―hizo una pausa y luego siguió―  ¿Vieron lo que les pasó al Pollo?

               Desde que Daboine (el dueño) había enfermado el bar ya no era lo mismo, tras la barra ahora no había nadie. Él Caballo, tenía una réplica de las llaves y era el primero en llegar y el último en irse, el que abría y cerraba ahora el bar. Ellos mismos se servían y cuando se iban dejaban el dinero de las dos medidas de vino que tomaba cada uno en un platillo sobre la barra, al lado del pingüino. El olor a encierro era insoportable, los bichos, colgados estaban llenos de telas de araña y ya casi que no se distinguía cual era cual. Todos los días los tres repetían aquella rutina sin la cual no podían vivir. Consideraban aquel hecho como una buena forma de ayudar al enfermo amigo.

               ―¿Que le pasó al pobre Pollo?

               ―¿No supieron?, hasta en el informativo lo pasaron hablando, parece que un meteorito de esos le agujereo una chapa del techo y le rompió el plasma y la cama cuando estaba durmiendo  ―los otros dos se miraron levantando las cejas y no dijeron nada, cual si fueran médicos desde hace un tiempo le habían diagnosticado arteria esclerosis múltiples al Figueroa, el más veterano de los tres y ya no le hacían mucho caso―  Parece que no se sabe qué cosa energética extraterrestre trajo este y ahora anda diciéndole a todos que si no cambiamos nuestro mundo interno, el mundo entero se termina. Que tenemos más defectos que virtudes y…

               ―Bueno  ―interrumpió el Caballo―  vamos a jugar un truquito antes que se termine el mundo entonces, ¿qué les parece?

               ―Pero vos sos abombado o que, truco de tres no se puede, siempre queda uno rengo  ―gritó el Sapo―  a vos te vendría bien que cayera un meteorito de esos en tu casa a ver si te aviva un poco

               ―Mas bien que te caiga a vos así te cambia tu coso interno y te dejas de ser un viejo de mierda…

               Las discusiones siguieron.

               ―Al final, el Pollo y los extraterrestres tienen razón. Somos un desastre  ―no dejaba de comentar Figueroa a la mosca que desde la ventana lo miraba y escuchaba.

SOBRE EL AUTOR:

Nací el 21 de Marzo de 1968 en la ciudad de Montevideo. A los tres años me agarre la enfermedad de Chagas, enfermedad que viene por la picadura de un bicho (Vinchuca). Trabajo en altura, construcción y pintura. Si bien siempre me gusto mucho la filosofía y la escritura, empece a escribir hace apenas un año, fui seleccionado en 2014 por una editorial Argentina para ser parte de una antología latinoamericana de escritores (Peces con Alas), allí lo hago por Uruguay con seis de mis cuentos. A principios de 2015 comienzo a construir mi libro : Ácido, que se concreta en papel en Marzo de este año, dicho libro, de cuentos cortos en su totalidad míos tiene unas 200 hojas, unos 20 y pico cuentos. Luego, mas recientemente he sido invitado a participar de una antología de poesía, donde participo yo por Uruguay, un escritor Chileno y el resto Argentinos. Me han llevado de gira por Buenos Aires, y el interior de Uruguay, he hecho presentaciones en la biblioteca Nacional de Buenos Aires.

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