“Poemas adolescentes” de René Acevedo

Pronto se lanzará el libro “Poemas adolescentes” del escritor chileno René Acevedo.

Dejamos el prólogo a la edición escrito por Fesal Chaín y algunos poemas de la obra

PROLOGO.

Estos poemas que hoy constituyen un libro, fueron escritos dispersos y en la adolescencia del autor, probablemente su gran mayoría a mediados de la década del ochenta en Chile, parte de nuestra historia que siempre me ha gustado nombrarla como una década enmarañada, es decir enredada, revuelta, confusa. La historia social y política, pero también lo que fueron nuestras vidas, nuestros cuerpos. Como dice el poeta: A las tres de la tarde/Se me enredó tu nombre/Me despojó angustiado/de mi pensar y mi calma. Porque fuimos eso, nervadura, tensión, pero también como todos los adolescentes de todos los tiempos y de todos los mundos, unos porfiados románticos, acaso, a fines del siglo XX,  aún depositarios de aquel Neruda de de Crepusculario: Ella es el amor,/Lo construyó conmigo/ Amasamos la roca, el pan, la arena.

Y sin embargo, a diferencia de las generaciones que nos antecedieron, por el mismo hecho de vivir en un período convulso, también fuimos rebeldes  e iconoclastas, es decir que a la par que pertenecíamos a la tradición, fuimos capaces de destruir los monstruos sagrados que nos llenaban de polvo, que nos hacían demasiado rígidos, y sin saberlo, quebramos o al menos trizamos el vaso del idealismo estéril, que ya no tenía cabida: La música suena desde ninguna parte/Mientras yo espero/ Que comience la película / En mi primer y último / Rol estelar / De estúpido y amante. O: Todo el mundo corre/ Con el culo a cuatro manos / Cuando uno necesita ayuda / Y eso que no busco aval.

Y en esta mezcla enredada de confusión, nervadura y rebeldía, acaso la materia perfecta de nuestra identidad como jóvenes de los ochenta, pisando la década siguiente, siempre nos quedó lo que es consustancial al ser de Chile, a su alma, la viva nostalgia, esa del pasado que no conocimos, pero que añorábamos como si hubiésemos sido sus protagonistas, y la del futuro esplendor, que jamás llegó, al menos tal y cual lo deseábamos: Es fascinante mirar las fotografías/ El pedacito de alma que quedó en ellas/Cuesta creer que el tiempo pueda/ Congelarse así de pronto. O aquel verso fantástico: Te visitaré algún día/Cuando se me diluyan tus facciones/Y quiera recordarlas./Tal vez en el día de mi muerte/Toquen tres veces a tu puerta.

Celebro este libro, en él nada adolece realmente, están aquí, (con ripios o sin ellos, da lo mismo), todos los elementos que constituyen la poesía de una generación, y por cierto, las claves de la poesía que René desarrollara después, ya con la madurez que da la vida y su periplo.

Celebro dos veces este libro, porque además lo escribió no un mero autor para mí, o alguien que me haya encargado una especie de resumidero de alabanzas, sino un amigo, un amigo en la poesía, un amigo que me ha regalado siempre lo más bello de este arduo pero fascinante camino que hemos compartido, la persistencia una y otra vez en la palabra, la porfiada palabra.

Fesal Chain (Valparaíso, Barrio Puerto, Noviembre del 2015.)

 

A LAS TRES DE LA TARDE

A las tres de la tarde

Se me antojó tu boca

Me llegó tu aroma como de improviso

Olor a flores, mujer y fuego

Me envolvió un sonido

como de polvo y risas

Se afiebró mi tacto de coral y piedra

Y tu cantar estaba

vibrándome a gritos

Desordenada y débil

Vaporosa, pequeña y frágil

Sentí tus latidos, tu color de niña

Hembra y amorosa hada de mis cuentos

Fantasías de infante acalorado

Con ese rubor flameante en mis mejillas

Por pensar aquello que me prohibía el mundo

Insistente, nocturno y melancólico

Con el romanticismo mágico

De algún preludio al piano

Dibujé tu calor hecho pasión y beso

Lo atrapé en mis manos

Como caricia intensa

Como tu pelo obstinadamente rítmico

Como el vaivén marino

De tu pasear sereno

Caminado alocada sobre mi cuerpo azul

Sumergiéndonos en abrazos

cosquilleos y pausas

Silencios

Palabras inconclusas, continuadas

con tu boca hermanada en mi boca.

 

A las tres de la tarde

Se me enredó tu nombre

Me despojó angustiado

de mi pensar y mi calma

Me desligó del tiempo

Me secuestró del aire

Y ya no hubo más horas ni más sitios

Ni calles y gentes

Tumultos o parques

Solamente tu sonido,

tu color y tu alma.

 

 

 AJEDREZ

 

Nos miramos largo rato

Antes de tocar cada pieza

Tus pupilas centellean

Dentro de mí, danzantes

El enroque es corto, luego largo

Amplio beso en desenfrenada dama

Alfiles, peones, el caballo te sigue

Trotando vientos sobre cordillera luna

Galope desierto lleno de fantasmas

Que trato de alejar como buen rey

En lo alto de la torre esperas

Cautelosa y verde como mi esperanza alada

Te apoderas de mi tablero

Reorganizando el mundo tras la batalla insomne

Tomas mis manos

besas mi pelo

Y luego,

Tras pintar cada cuadrado granate y gris

Con diferentes luces

Me atrapas con tu boca

Y reinicias la partida

para cebar el mate.

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