Para que no se me olvide el que soy

para que no se me olvide el que soy

 

El arquero del pedregal está ya ubicado entre los tres palos

tiene un buzo grueso color morado y cuello tortuga

 se lo dieron a la cucha de él

 que camella lavando y aplanchando

 en la casa de un rico en el poblado

 Algunos le patean tiros suaves

 como para que se luzca volando…

Milin con una peinilla roja

 le tira puñaladas al zarco

 esquivando esquivando sin dejarse tocar.

El balón está piedrita piedrita…

 

 

El fútbol resuena en la palabra. Es coro, eco, grito. La pelota rueda mientras el tiempo sólo pasa, solo. Escribir poemas como goles que rompen porterías. Comerse las uñas en las tribunas. Atajar el penalti en los acentos. Driblar contrarios y buscar vacíos, huecos rellenados de recuerdos. La poesía esa es bola que gira entre las piernas, delirio y agonía, el movimiento de la vida hacia sí misma, la mitad de la cancha, pases de prosa y enganches de verso libre.

Para muchos quizá el fútbol es poesía. Para la poesía el fútbol es, más que un problema temático, una inquietud, una vivencia y una expresión estética que está íntimamente relacionada con la existencia humana, desde lo deportivo y lo lúdico hasta lo económico, lo socio-político, lo cultural y lo poético como tal. Del campo a la ciudad, de la vereda al barrio, en la calle, en las cuadras, en la playa, sobre arena, tierra o lodo el fútbol y la poesía son tan locales como universales.

Fútbol y poesía, juntos pero no revueltos, unidos en la diversidad, espacios o resquicios de memoria, desquicios del ser humano, idénticos desde la diferencia, trenzados en el poeta, el poeta de Castilla. Helí Ramírez Gómez es y está en su poesía, que habla por sí sola, autónoma e independiente. Este poeta nacido en Ebéjico, Antioquia, en 1948, tiene el diez en la espalda y la poesía en las entrañas. No es fortuito, por tanto, que la experiencia del fútbol se reitere o aparezca entre líneas en sus siete libros de poemas publicados hasta ahora.

En unos poemas más que en otros, la pelota, la cancha, el picado y el partido, el clásico, las graderías y los hinchas, los goles y gambetas se hacen poesía en la obra de Helí, siempre cambiante aunque de un sostenido tono coloquial y periférico que emerge desde al otro lado del canto, en la parte alta abajo, con luz y oscuridad propia –es decir emanada de un mismo lugar y corazón de cortinas corridas, que escribe poemas-golosinas de sal, hechos para morder el cielo y que, una y otra vez, nos remiten a la ausencia del descanso característica de su personalidad poética.

Esta selección de poemas relacionados con el fútbol en la poesía de Helí Ramírez pretende ser tan sólo una muestra enfocada en una arista de la amplia obra del autor. Aquí se despliega entonces, no únicamente su lenguaje poético particular, sino también el furor y las pasiones de los habitantes de nuestros barrios populares, sus luchas y miserias, el ambiente de violencia que hemos respirado desde niños, los sueños y derrotas de los jóvenes, conversaciones entre vecinos, relaciones ambivalentes de armonía y guerra, y ante todo, la potencia y el devenir artístico del mismo Helí.

Luis Fernando Macías opina que en la poesía de Helí, y en el lugar que él vivió, las canchas de fútbol “ofician de templos”, se “jugaba fútbol, se fumaba bareta o se les picaba arrastre a las peladas”. Dice que Helí “en el barrio era un buen futbolista, y este hecho le daba sentido de pertenencia, al tiempo que su carácter lo diferenciaba del grupo”[1]. En cuanto a los talleres literarios, Helí afirma que tienen la misma importancia que “una escuela de fútbol”[2]. Consideramos pertinente, en consecuencia, reproducir un fragmento de una entrevista a Helí realizada por John Henry Amariles Mejía, en la que se habla de su faceta futbolística:

Para Helí el fútbol es su primer apellido. Inclusive el día que no entraba a clases se iba para el estadio a jugar fútbol. O para una finca en los alrededores del Liceo Antioqueño. Jugaba en un equipo de fútbol, en la Marte Uno del estadio, de puntero derecho. Llegó hasta el ascenso, que en esa época era como la B ahora, pero regional.

Eran los tiempos en los que los torneos de fútbol interbarriales se vivían con intensidad. Caso aparte, los partidos entre Castilla y Pedregal, que a veces terminaban en batallas campales. Las canchas de La Tinajita y del Doce de Octubre, los escenarios de estos duelos.

Un personaje de uno de sus libros, sacado de aquel ambiente futbolero es Cataño, “un cucho por ahí de 40 años, hincha furibundo de Medellín. Era un marcador de punta hermano, estilo Yotagrí, que fue de los primeros marcadores de punta estilo Roberto Carlos, papá, suba y baje, suba y baje. Yo era un pelao, y ya jugaba con los grandes”.

“No seguí con el fútbol porque me encarreté en otro rollo hermano… la poesía… la bareta… El mundo libre hermano: República Independiente de Castilla y las Comunas”.[3]  

Pero la pintura también es poesía y en ella el fútbol hace sus fintas y figuras. Las artes plásticas no se quedan atrás respecto a la indagación y a la expresión de la vivencia futbolística en un lenguaje estético concreto. Si los poemas de Helí generan imágenes poéticas, las pinturas de Fredy Serna son poemas escritos en acrílico y óleo sobre lienzo. Ambas perspectivas estéticas incitan y llevan implícita la observación, ser protagonistas con la mirada, que los ojos se adentren en el afuera, la contemplación del territorio y el entorno, ser lo que uno es –sin dejar de ser de lo otro.

No es casual pues que una vez más la obra de estos dos artistas confluya y dialogue, y asimismo, que sean reunidas en un libro, en esta ocasión un libro digital. La tercera edición de En la parte alta abajo y Poemas ilustrados, libros publicados por el Fondo Editorial de la Universidad EAFIT y por Tragaluz Editores, respectivamente, en el 2012, presentan en conjunto, como hermanos mellizos de distintas generaciones, parte de la obra de ambos autores, habitantes y gente del barrio. Su vitalidad reside allí. No es de más tener en cuenta que, aparte de ser amigos, Fredy Serna es conocido como el pintor de las Comunas.

Fredy nació en la ciudad y ha dedicado gran parte de su obra a la introspección, lo que le ha permitido nutrir un lenguaje y una personalidad estética desde sí mismo. ¿Qué nos identifica? ¿Cómo se integran los colores, la luz, las formas y el paisaje cultural (urbano) y natural en nuestro ser individual y colectivo? Estas son preguntas que tal vez la pintura de Fredy no nos va a resolver, pero que sí nos permitirá sumergirnos en el entramado de la plástica del artista y en el complejo de las relaciones entre vida–obra–arte–territorio en su devenir artístico y estético.

Según Andrés Felipe Solano, “trozos de avenidas, hileras de casas apretadas, retazos de montaña, las nubes que pasan casi a su altura, de día o de noche, y la vida de millares de personas bullendo, todos pintados con un tratamiento impresionista, son los elementos que predominan en su producción artística”. El fútbol no es sólo otra temática sino también otra preocupación estética del artista. Como anota Solano más adelante: “un espacio por el que se ha estado interesando es la Cancha”[4]. Y amplía:

Los campos de fútbol de la barriada, donde hombres como René Higuita le sacaron el cuerpo al modus vivendi que hizo furor entre los jóvenes más pobres de Medellín durante los años ochenta y noventa, pueblan hoy los cuadros de otro habitante del barrio que hizo lo propio.    

En un contexto signado por la muerte y la violencia, ambos autores reivindican el triunfo de lo vital, reflejado en el ser, en el sentir y en el habitar de los pobladores de las barriadas populares de Medellín, en especial de sus comunas nororientales y noroccidentales, y en sus paisajes antaño más verdes que anaranjados. Fredy, al igual que Helí, reivindican con y desde su arte que todos y cada uno de nosotros somos testigos únicos y activos, partícipes de la historia de nuestros barrios y comunas.

Serna no sublima la noche ni el día, estos son más bien el ambiente, la impresión de una hora cualquiera en que se mira y se llega a la cancha a jugar solo o en grupo –un picao nocturno–, visualizar y anotar en alguno de los dos arcos, y el árbitro corre sobre el tiempo errabundo de las laderas del valle y sus cerros tutelares, ese sol que se esconde en los rostros del barrio, del barro, del polvo y del cemento, uno a uno y en equipo. En ambos artistas el fútbol nos devela a la vez que nos desvela aspectos nodales de su vida y de su obra. En ellos, fútbol, pintura y poesía, con-jugadas se confunden.

 


[1] Luis Fernando Macías, “Helí Ramírez, la gallada en la pluma”, acuarimántima Edición Completa, Rescates, Fondo Editorial Universidad EAFIT, Medellín-Colombia, enero, 2012, págs.571-572.

[2] Óscar Jairo González Hernández, “Helí Ramírez: poesía y honestidad”, El Mundo, 10 de marzo de 2012.

[3] John Henry Amariles Mejía, “’Los libros matan, hermano’”, El Mundo, 11 de enero de 2008.

[4] Andrés Felipe Solano, “Las Comunas de Fredy Serna”, Revista Cromos, No.4415, septiembre 20 de 2002.

 

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PINTURAS FREDY SERNA

Medellín, 1972

 

Puedes ver una reseña de su vida y obra en COLARTE

 

Árbitro, 2002. 40x40

Árbitro (2002). 40×40 cms.

Arco I - 2002

Arco I. (2001). 40×40 cms.

SerFaq0502

Noche (2002). 35×50 cms.

 

CASCORVO GENIAL

 

La vida de Manuel Francisco Dos Santos

Alias Garrincha entre los payasos de la grama

Es un poema

Con el alma en sus piernas.

Garrincha algo así como el cucarachero de Brasil

Rompía gargantas en los estadios.

Garrincha el cascorvo genial

Fue el que inventó con sus fintas

El baile “disco” a costa de su

Marcador lateral que lo quería estampillar

Y acababa en buen bailarín.

Garrincha el cascorvo genial

Se burló de la gloria y su poder

En los brazos de su amante y

Cual “poeta maldito” se la bebió

En su copa de estrella apagada.

La vida de Manuel Francisco Dos Santos

Es un poema

Con el alma en sus piernas.

 

Marina - 1999

Marina. (1999).

Arco II - 2002

Arco II. 2002. 40×40 cms.

 

OTRA VEZ EN LA CANCHA

 

Estamos en la cancha

la pereza oh delicia en el paladar mañana

nos tiene aplastados

y no nos deja sacar una gota de ánimo

para picar el partido

 

La tarde larga larga dosymedia

Estoy recostando la espalda a una piedra

piedra que dá una sombra especial para hacer pereza

piedra que de lejos es como una cara de indio

con la frente arrugada

El negro

ese negro es la embarrada

estirado bocaabajo sobre la hierba

a ratos se pone a mover el tronco de la cintura para abajo

como si estuviera encima de una pelada

y acaricia y da besos a una piedra redonda

y la gallada estallándose de risa

El tuzo el gago y jerolí

juegan machuca con monedas de veinte

en fierro milin se las sabe todas

Ese grupito junto a mi piedra y a mí

en donde un tiro milin me señala el siete

golpeando la carta con un dedo

Busca otro siete o el as para hacer el fierro

La bruja qué berraco para joder saca mocos

hace una bolita y se la tira o a gelatina o al vizco

se las tiene montada

Jode al vizco dizque porque lo pilló

culeándose a manzano un marica de la gallada

un marica bravo por lo que

el vizco le dice:

—“…ischsschss que va

si manzano estuviera aquí

no estabas hablando mierda…”—

La bruja le da una patada

al vizco y responde:

—“…le doy puñaladas a él

y te doy a vos también…”—

Recostado viendo pienso: está brava esta cucha hoy…

Otra vez el vizco se le marea a la bruja

y se hace el bobo buscando un cuero

para subir un cozo

La bruja ha venido a parar en donde estoy

se sienta junto a mí

De reojo me pillo sus movimientos

Pienso: voy a ver si esta pinta sí quiere voltear fierro hoy

Antes de que termine de acomodarse

le digo: si venís a hacer bulla o a joder te vas

No toma en serio mis palabras

y me responde:

— “…ah… este man que se mantiene berraco a toda hora…

y quiere que uno se las pague…”—

Mejor dicho: váyase ya

le respondo

y parándome como un resorte

le pongo una patada en las costillas

la bruja se returce

se para me mira

veo en sus ojos odio

odio de cobarde

odio de traicionero que por miedo no pelea frente a frente

yéndose la bruja murmura:

— “…tranquilo tranquilo…”—

Qué tranquilo ni qué pan blandito —le digo—

y sacando un fierro lo invito al ruedo

pero la bruja no me hace caso

Vuelvo y me recuesto a la piedra y su sombra

El zarco le dice a la bruja:

—“qué hubo hermano

no estaba muy agrio pues…”—

No contesta la bruja

coge el balón y se pone a tinequearlo

hace figuras con el balón en el aire

con los pies y la cabeza

El tuzo se para

parece que lo pelaron

llega a donde la bruja y cuando está

a un metro de distancia más o menos

la bruja le hace un pase corto al tuzo

el tuzo se la devuelve

se van en pared corta

y el negro aparece en el arco

gritando:

—“eíííí se lo humillo con una mano…”—

La bruja le suelta un zurdazo

que pasa rozando el horizontal

Me paro y desentumo los huesos saltando en curruca

Bajo a la cancha

vamos a jugar inchas del poderoso dim contra inchas del nacional

Juego con los inchas del nacional

y la bruja con los inchas del poderoso dim

Por encima del picacho aparecen nubes…

 

 


Ensayo de David Herrera. Medellín, Colombia. Ensayista y editor. Estudiante de Historia en la Universidad Nacional de Colombia. Uno de los organizadores del I Encuentro Poetas Jóvenes de Colombia. Lector apasionado, inmerso en la edición digital y escritor de ensayos en torno a temas culturales, de las artes plásticas y la literatura. Trabaja como investigador en el área de colecciones del Museo de Antioquia.

 

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