Helí Ramírez y La noche de su desvelo

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Por: David Herrera

Umberto Valverde (1947), escritor y periodista caleño, publicó en 1972 Bomba Camará, un libro de cuentos pionero a la hora de hablarnos de “la historia del barrio”, de las comunas populares de su ciudad natal, a partir de su propia gente, de sus experiencias, expresiones y maneras de hablar. En 1971 Andrés Caicedo (1951) escribió un monólogo titulado El atravesado, donde un joven caleño cuenta cómo enfrenta su medio social y se protege peleando. Un año después, en 1972, Caicedo escribe Angelitos empantanados (o historias para jovencitos), tres relatos protagonizados por una pareja de jóvenes enamorados provenientes de los barrios ricos de Cali, Angelita y Miguel Ángel, que al a conocer los barrios bajos trastornan su condición individual, existencial, en medio de un mundo violento y asociado a la muerte –prematura–.

En la novela ¡Que viva la música! (1977) la ciudad –Kali–, sus calles y avenidas, parques y bailaderos de salsa, lugares de sexo, drogas y rock and roll, cruzada del norte opulento al sur de las porno-miserias, se revela a través del delirio verbal de una rubia joven y excesiva. Por esos mismos años, Carlos Mayolo (1945-2007) y Luis Ospina (1949), también considerados como parte de ese grupo de jóvenes caleños inquietos por el arte y la cultura, realizarían varios –uno falso– documentales audiovisuales, ¡Oiga, Vea! (1971), Cali de película (1972), Agarrando pueblo (1977), donde hay un acercamiento directo al corazón de esta ciudad colombiana que en los años setentas convulsiona, política y socialmente hablando, y en la que, entre otras cosas, se empiezan a formar pandillas juveniles; el rock, la salsa y el cine norteamericano penetran y sacuden los oídos y las mentes de los jóvenes caleños, colombianos.

Helí Ramírez Gómez (Ebéjico, 1948), un individuo de clase baja que es debuenas, que le gusta leer poesía y por circunstancias que no vienen al caso, tiene el privilegio de donde es, de conocer un poquito de la poesía que se hace ahora[1], quien en las décadas de los sesentas-setentas era un joven marginado social y económicamente que llevaba años escribiendo y que no tenía forma de publicar[2] sus escritos y poemas, como él mismo lo expresa, conocido actualmente en Medellín como el poeta de Castilla y etiquetado por algunos de ‘poeta y novelista urbano’, saca a la luz por primera vez, gracias a Elkin Restrepo, José Manuel Arango y otros creadores y gestores de la revista bimestral de poesía Acuarimántima (1972-1983), varios de sus poemas en el número cinco, julio-agosto 1974, de dicha revista, y en 1975 publicaría su primer libro de poemas completo titulado La ausencia del descanso.

Helí ha publicado hasta ahora siete poemarios y una novela: La ausencia del descanso (1975), En la parte alta abajo (1979, primera edición; 1991, segunda edición; 2012, tercera edición con ilustraciones de Fredy Serna), Cortinas corridas (1980), Golosina de sal (1988), La luz de acá se hace de la oscuridad de aquí (1991), Para morder el cielo (1999), Desde al otro lado del canto (2011) y La noche de su desvelo (1986), la novela. Su poesía es sin duda, en términos estéticos, impactante, produce múltiple diversidad de emociones, se introduce en nuestras vivencias y recuerdos, nos conmueve interiormente, sacude nuestras entrañas, y en un sentido amplio, contiene elementos que le permitieron a Helí la “elaboración de un imaginario propio urbano”: “la ciudad es para mí un medio de conocimiento, de realización, de búsqueda personal material y espiritual. Es vivencia. La ciudad es un poema. Es un poema por sus cosas bonitas y feas…”[3], afirma.

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Su libro de poemas En la parte alta abajo (1979) marcó un punto nodal y es un precedente histórico, no solo en la poesía de Helí como tal, sino también en la poesía nacional contemporánea, tanto por su capacidad narrativa con el verso libre como por el tipo de lenguaje, conocido en nuestro medio como ‘parlache’, desplegado en sus trabajos literarios. Podría incluso afirmarse que este es un libro que apunta simultáneamente hacia la poesía y el relato, generando una forma particular de –en cierto sentido– poesía conversacional, impulsada por un tono coloquial y conjugada a la vez con una suerte de carácter antipoético, o más bien, de una postura radical del autor frente a la poesía en general y en particular respecto a su trabajo artístico. Helí Ramírez no se adscribe entonces a ninguna generación, corriente o escuela de escritores. Es un gran lector de textos de historia, economía, poesía, novela, cuentos y ensayo; tiene diversas influencias, pero su estilo es único, original, fácil de imitar en apariencia pero difícil de igualar en contenido, forma y autenticidad poética.

La importancia histórica, estética y artística de la obra de Helí, compleja y cambiante mirada en conjunto, radica en su poesía. Sin embargo, la novela ha sido otro campo de sus preocupaciones, inquietudes y quehacer literario. La noche de su desvelo, novela publicada en 1986, es una evidencia importante del interés y la preocupación general, artística, estética y literaria de Helí Ramírez por explorar y experimentar diferentes formas de escribir, vivir y contar la ciudad, el barrio, la vida de sus habitantes y su concepción personal sobre la misma. Aunque vista panorámicamente, en el marco de la narrativa nacional contemporánea de mediados del siglo XX en adelante, su impacto no fue tan estremecedor ni tampoco significó, en términos de forma y contenido, una ruptura y una nueva forma de escribir, novelar y narrar la ciudad y el barrio, sí es posible afirmar que, dentro de su obra publicada hasta el momento, La noche de su desvelo es un libro diferente, y que, como la mayor parte de la poesía de Helí, “se basa en hechos y personajes reales”[4], según palabras del periodista John Amariles.

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Aquí es clave señalar que el  trabajo de Helí ha inspirado no sólo a autores como el escritor y cineasta medellinense Víctor Gaviria (1953), quien se ha visto seducido por llevar esta novela al cine, sino también a jóvenes artistas de la ciudad de Medellín que, por colocar un ejemplo, trabajan desde las prácticas visuales y en el año 2012 realizaron un cortometraje que interpreta un fragmento de La noche de su desvelo, obra literaria “del maestro Helí Ramírez Gómez”, producido por MAGNOfilms y presentado en el II Festival CICA (Cine de Castilla, realizado entre 1-5 de noviembre 2013), titulado “Mis Gallinitas”, el cual termina con una contundente y fuerte referencia, con una exclamación que concentra un aspecto fundamental de lo narrado por Helí en dicha novela: “¡No sabemos de donde diablos sale tanta hambre!”.

No sé hasta qué punto, pero también Fredy Serna (1971), pintor y artista plástico graduado de la Facultad de Artes Plásticas de la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín, ha sido tocado y con-movido por la obra de Helí. Hay un fragmento de La noche de su desvelo que aunque es precedente nos remite implícitamente a gran parte de las pinturas y a gran parte del trabajo artístico de Fredy:

“[Lisandro] levantó sus ojos hacia los cerros del frente, sobre el barrio Aranjuez, Santa Cruz y Santo Domingo.

El verde de los cerros con sus parches en tierra colorada, las casas a medio construir y los ranchos en la cima de los cerros con el cielo encimita, para Lisandro, conforman un paisaje muy lindo, digno de un pintor, y pensó que de allá para acá [Castilla]  igual de lindo se debía ver el paisaje.

Lisandro estaba absorto, elevado, mirando la montaña de vivienda bajo cualquier piedra…”[5]

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Hablando de La noche de su desvelo, Víctor Gaviria opina que esta novela “es un sueño”. Y argumenta: “Ahí están los elementos de la realidad, de una familia, desde el ladrón hasta el profesional, pasando por el papá campesino. O sea, está toda la ciudad, vista desde el barrio popular”[6]. Por su parte, Diego Alejandro Gallego Guevara, en su tesis monográfica La ciudad periférica en un poeta urbano: Helí Ramírez, proyecto investigativo auspiciado por la Universidad Tecnológica de Pereira y escrito en 2014, plantea que

“En La noche de su desvelo (1986) nos hallamos frente a una novela sencilla, la única novela que realizó Helí y que en realidad tuvo poca difusión, es pretencioso mencionar el contenido, pues es una historia constructo del vecindario y de la sobrevivencia de una familia tal cual lo representa en su poesía, es un texto que con la intención de idear y plasmar fielmente la voz de su pueblo ubicamos faltas gráficas y de puntuación, sin embargo escudriñando fielmente su contenido topamos una voz inmensa que cuestiona el medio que vive…”[7]

Si bien “caras se ven corazones no”, reflexión de fondo en La noche de su desvelo, me atrevo a decir que Helí ha vivido y ha escrito, escribe y vive dando cara a los diferentes momentos y circunstancias históricas que le tocó sufrir, gozar, siendo consciente de lo que dice y hace. No busca ningún tipo de trascendencia ni de inmortalidad poética. En cuanto sus desvelos, la noche le ha traído y siempre ha sido para él un sinónimo “de beba, baile, amor, odio, muerte y vida”[8]. Helí es espontáneo, es lo que es –calles y esquinas, cuadras, casas y colinas, canchas y silencio, un picacho en el valle de las letras, de la poesía local y su eterna balacera–, se esfuerza por mantenerse firme en la posición (est)ética que lo caracteriza. Vida y literatura se entremezclan, se solapan y se nutren mutuamente en sus escritos. La poesía de Helí emerge desde el seno de la existencia cotidiana y la eleva a niveles superiores. Con su escritura descarnada y visceral,  este habitante de barrio, vecino de nuestras dichas y desdichas, establece un lazo, un nexo carnal con el mundo real, con su insomnio y con la potencia imaginativa que subyace en su pensar.

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Como Chepe, uno de los personajes que aparece en el primero de los dos capítulos, con sus respectivos subcapítulos, que componen La noche de su desvelo, en esta novela Helí Ramírez habla y aún puede “hablar del barrio de ayer y del barrio del momento”, “de gentes conocidas, de gentes desconocidas, de gentes amigas, de gentes enemigas”, “de vivos” y “de muertos”. Porque el barrio es diversidad, recuerdos y olvidos –memoria–, convites y galladas, solidaridad y malevaje, vecinos y familias, obreros y campesinos emigrados a la urbe, niños, pelados y peladas, cuchos y cuchas, “gente entrecruzándose de una lado para el otro”, tiendas y graneros, tugurios, ranchos, el atrio de la iglesia, “empanadas amarillitas como cascos de un sol destrozado”, la noche que se insinúa sobre el cerro, espantos, envidias, broncas, chismes y fantasmas, “la maldición de ser pobres: camellar con la lengua de corbata por el cansancio”, guerrear el día a día, “los rincones de la ciudad y la mente humana”, saber “que ninguna vida es simple ocúpese el nivel social que se ocupe, y gánese la vida  como se la gane”[9].

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Ensayo de David Herrera. Medellín, Colombia. Ensayista y editor. Estudiante de Historia en la Universidad Nacional de Colombia. Uno de los organizadores del I Encuentro Poetas Jóvenes de Colombia. Lector apasionado, inmerso en la edición digital y escritor de ensayos en torno a temas culturales, de las artes plásticas y la literatura. Trabaja como investigador en el área de colecciones del Museo de Antioquia.

                                                        

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[1] Helí Ramírez Gómez. “Acercamiento a la poesía de Raúl Henao”. Acuarimántima Edición Completa, Colección Rescates, Fondo Editorial Universidad EAFIT, Medellín-Colombia, 2012, págs.- 264-265. [Original de Revista Acuarimántima, número dieciséis, julio-agosto 1978, Medellín, Colombia).

[2] Óscar Jairo González Hernández, entrevista “Helí Ramírez: poesía y honestidad”, El Mundo, 10 de marzo de 2012.

[3] Beatriz Mesa Mejía, “Helí Ramírez, ciudad, poema y corazón vivo”, El Colombiano, 23 de julio de 2006.

[4] John Henry Amariles Mejía, “’Los libros matan, hermano’”, El Mundo, 11 de enero de 2008.

[5] Helí Ramírez Gómez, La noche de su desvelo, Ediciones Autores Antioqueños, Volumen 35, Medellín, 1986-87.

[6] John Henry Amariles Mejía, “’Los libros matan, hermano’”, El Mundo, 11 de enero de 2008.

[7] Diego Alejandro Gallego Guevara, La ciudad periférica en un poeta urbano: Helí Ramírez, Universidad Tecnológica de Pereira, 2014.

[8] Óscar Jairo González Hernández, entrevista “Helí Ramírez: poesía y honestidad”, El Mundo, 10 de marzo de 2012.

[9] Helí Ramírez Gómez, La noche de su desvelo, Ediciones Autores Antioqueños, Volumen 35, Medellín, 1986-87.

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