Aproximación a una ontología de la soledad, por Cecilia Gianlupi

A modo de prólogo

Me encuentro dando vuelta la página de una Historia Humana que por un lado parece ser cualitativamente distinta, super cibernética, atómica, hiper desarrollada y por otro lado, me pone cara a cara frente a idénticos problemas y carencias que cuando tenía 15 años y aún estaba planteado el sueño-meta del “hombre nuevo”/”mundo nuevo” al que adherí con toda mis fuerzas.

No es sencilla la respuesta al por qué existe esta realidad estancada. Sin quizás, ella se nutrirá, necesariamente de diversas fuentes explicativas: sociología, economía, política, psicología, ecología, astronomía, física etc.

Pero, ante esta dicotomía con rostro de fracaso, yo me detengo a intentar responder con una mirada filosófica de mujer que ha padecido como tal, en un modelo social machista y en dictadura, una serie de reveses que la empujaron a hacer del pensamiento, la creación y la escritura sus herramientas de sobrevivencia.

Curiosamente ha sido desde los reveses que he podido resurgir, curar heridas, redimensionar, comprender y recrear. Tal como dice Jean Paul Sartre, desde el pozo de la angustia en el que caemos por sabernos finitos sin haber elegido nacer, se redimensiona el ser y se retorna a la existencia con nueva mirada.

Como tantos artistas yo tomé la soledad y el desamor que me atenazaban la garganta y los fui amansando con un lápiz, transformándolos en material constructivo.

“La única forma de soportar la existencia es aturdirse en la literatura como en una orgía perpetua“, escribió Flaubert y Mario Vargas Llosa tomó esa idea para titular así su ensayo sobre Madame Bovary.

“La soledad hace nacer a lo original en nosotros, a una belleza no familiar y peligrosa: a la poesía.” dijo Mann.

“El único entorno que un artista necesita es cualquier paz, cualquier soledad”, palabras de Faulkner.

“El lobo es cazado por todos y está tan solo como el artista” preciosa frase de Heminway que yo haría extensiva al ser humano en general.

Y así, hallamos cientos de artistas expresándose en este tema que nos atañe y del cual si nos es posible nos explayaremos mejor en el futuro.

Personalmente, además de escribir, incursioné en el silencio, la meditación y otras artes, todo lo cual, lejos de dispersarme, se complementó, llevándome al meollo maravilloso que constituye el hecho de hallar las síntesis.

(En este punto quiero agregar que pienso que la síntesis es la verdad, y que la verdad es síntesis, esa sabiduría a la que en general se llega por medio de la intuición-conocimiento directo, que ha ido quedando cada vez más imposibilitado en la sociedad de consumo)

Entonces comprendí que nada bueno puede suceder ni construirse si no se comienza por uno mismo. Por quererse, aceptarse como un ser totalmente “solo”. Y comencé a poner en el papel mis pensamientos al respecto convencida de que esta es la esencia primitiva del ser (tema olvidado y manipulado socialmente por las clases dominantes) y también de mi yo soy y del ser de cada uno de ustedes.

Como mujer es tal vez más difícil llegar hasta este hueso. La desolación cunde entre nosotras, género educado para depender de otro.

La religión (culpa y abnegación) y el stablishment (sumisión, dependencia y opios diversos) nos han enseñado a no ser buenos con nosotros mismos. A depender de alguien/algo más que está por encima nuestro o nos es indispensable. Pero si no somos nosotros mismos no somos felices y no habitaremos un microcosmos de felicidad y paz capaz de colaborar con la construcción de un macrocosmos potencialmente mejor.

Amar…Ah sí!  amar está en el centro del humano, pero si éste no se ama a si mismo, si no se respeta, si no aprende a estar solo y en paz, si no se valora, si acepta situaciones continuas de incomodidad o agresión, no encontrará la paz ni podrá amar satisfactoriamente y por lo tanto ser amado: es decir, no podrá amar ni crear.Tampoco lo que haga en otros terrenos encontrará un eco constructivo. No será feliz. Quedará estancado en individualismo infértil o en dependencia, o hundido en la desesperación de sentirse desolado y la sociedad seguirá creciendo renga.

Sin abandonar la lucecita de la utopía no desconozco la dificultad para cambiar las cosas a gran escala.

Pero crear desde la unicidad descarnada con amor a sí mismo es un verdadero comienzo. La  verdad siempre es una cosa buena.


Sobre la autora:  CECILIA GIANLUPI, Filosofía – Escritora (Poesía – Ensayo) – plástica. Montevideo-Uruguay. Estudió Licenciatura de Filosofía. Desde niña incursiona en diversas artes. Música, dibujo y declamación. Escribe, poesía y cuentos cortos desde los 16 años publicando en el periódico de la Costa de Oro “Tribuna Interbalnearia” en donde más tarde sería cronista cultural. Paralelamente incursiona en las artes plásticas (talleres Riveiro, Nadal, Fernandez) y el diseño gráfico trabajando como tal, sin abandonar la música, a la que considera, conjuntamente con la filosofía,  vocaciones elementales constitutivas. Más recientemente, instada por el profesor Benavidez, decide abocarse a sistematizar su obra literaria. Integró un libro colectivo y una publicación mixta de forma y palabra en la que 15 poetas acompañan en el tema violencia de género la obra de la pintora Patricia Silva, participó en un libro de Historia reciente, colabora en publicaciones digitales como poeta, cronista y ensayista. Actualmente se concentra en las temáticas: de género, historia reciente de su país y ensayos filosóficos. Se encuentra armando su primer poemario y un libro que nuclea sus vivencias y reflexiones como presa política, asimismo trabaja desde hace tiempo en el ensayo Aproximación a una ontología de la soledad.

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