Crónica de un libro imposible, por María Negro

Un marchand lituano en busca de un buen ejemplar jesuita para vender en el mercado se tropieza con un manuscrito en una lengua extraña. Simple a la vista, compleja a la hora de intentar develarla.

Imposible de traducir hasta el día de hoy.

Con esa simpleza nace el misterioso manuscrito de Voynich, el secreto mejor guardado de la literatura universal.

Considerado un libro de alquimia o de magia, este manuscrito está escrito en un criptograma tan oscuro que ni la última tecnología ha podido develarlo. Un lenguaje cerrado, que no se corresponde con el patrón fonético de ninguna lengua natural, estéticamente impecable, indescifrable.

Voynich (tal el nombre de nuestro amigo marchand) comenzará una investigación que le llevará toda la vida, una batalla que aún libran sus herederos en arte de la curiosidad.

170,000 caracteres. Más de 200 páginas sin errores ni enmiendas. Sólo eso parece en sí mismo una obra sobrenatural.

Pero este manuscrito posee, además, una selecta colección de imágenes dibujadas con un criterio intrínseco.

Plantas medicinales delineadas con detalle microscópico, cartas astrales, ninfas bañándose en grandes fuentes.

Un perfecto libro de presunta alquimia, indescifrable.

El autor, de quien se han conjeturado decenas de nombres, incluido el de Da Vinci, necesariamente era persona de recursos. Los pigmentos utilizados son naturales y de primera calidad, un producto muy preciado, utilizado sólo por grandes pintores. Las telas sobre las que está escrito eran costosas, y de gran tamaño. Dentro del manuscrito se encuentra una cantidad considerable de láminas a doble página, diagramas con detalles alhámbricos, minuciosos, perfectos.

Uno entiende que una obra de tanto valor económico, a la que se le dedicó tanto tiempo, tiene que haber tenido, según su autor, una importancia histórica en la contribución a la ciencia, a la medicina o a la alquimia.

Ahora bien, ¿por qué el autor esconde su sabiduría con tanto cuidado? ¿Por qué una obra de tal valor se esconde bajo llaves inaccesibles? ¿Con qué necesidad se escribe un libro si no es para que sea leído?

Las pruebas de carbono 14 hechas al manuscrito, que duerme en la biblioteca de la Universidad de Yale, demostraron que la fecha de escritura va desde 1404 hasta 1438, con una exactitud del 95%.

Es decir, estamos ante un escritor de la Edad Media.

Baja Edad Media, caída de esos gigantescos imperios que alegraban las películas de la época dorada de Hollywood. El Imperio Romano ha sido derrotado, la península itálica se divide en intrigas y el poder de la Iglesia Católica, la Iglesia “de las dos espadas” que vende títulos nobiliarios que harán duque a más de un plebeyo enriquecido.

Pero la Iglesia hace un poco más que eso. Concentra el poder económico de las tierras y ejerce un sangriento control sobre el conocimiento. Por medio de la tortura persigue a todo aquel que se oponga a su mandato. La herejía es el peor de los crímenes. Y negar la completa sabiduría e inescrutabilidad de la Palabra implica la condena a la muerte atroz.

En 1184 se establece la pena de hoguera para los reincidentes en la herejía. En 1199 se añade la posibilidad de confiscar los bienes del condenado. Entre 1180 y el siglo XIII se aprueba el uso de la tortura. Entre finales del XII y principios del XIII, mediante disposiciones legales, se irán constituyendo los rasgos definitorios de la Inquisición, que volverán a reproducirse en la Edad Moderna, tales como el secretismo del proceso y el ocultamiento del denunciante y los testigos.

Galileo supo de qué se trataba.

Y el autor del libro también. El alquimista que dibuja con apasionada delicadeza las cartas astrales colmadas de imágenes mágicas, símbolos de arcanos ancestrales.

El alquimista detalla las plantas que sanan el cuerpo y el alma, las detalla hasta en lo más pequeño de su imagen, que se pierde un poco porque el microscopio no nacerá hasta tres siglos más tarde, pero el alquimista redobla el esfuerzo de la vista y logra una composición surrealista y amenazante.

Esas plantas sanan.

El hombre medieval comprende la medicina prehistórica.

Y Dios tiembla.

El alquimista comprende su situación. Encripta su mensaje. Su extenso recetario, o poema, o sus relatos con visiones demoníacas.

La ventaja de no comprender lo escrito es que allí puede que todo este dicho.

Si todo puede estar dicho en ese escrito, todo está escrito en él hasta que se demuestre lo contrario.

La represión ejercida sobre el conocimiento, lleva a este escritor al punto más alto que pueda conocer el misterio. Frente a él ha logrado un no libro. Un libro imposible de comprender. Un mensaje que tal vez no llegue nunca.

El horror de la hoguera eclesiástica lo obligó a entregarnos el rompecabezas más complejo que hayamos conocido. La paradoja de quien pretende dar a luz su conocimiento y para conservar su vida debe encriptarlo en las sombras del oscurantismo.

En este punto del juego nos sonríe el mago.

Nos mira desde su código complejo. Nos convoca a terminar con todas las hogueras que pretenden impedir el desarrollo y el conocimiento.

O el derecho al aborto, que es más o menos lo mismo.


Sobre la autora: MARÍA NEGRO, Argentina. Colaboradora de las revistas “Las puntas del clavo”, “El Otro”, “Ficcionario”, “Que Literatura”, “La Balandra” de Buenos Aires, “El Ombligo” de México, “Mal de ojo” de Chile, “Arcos literarios” de la comunidad latina en Miami y “Silencio” de España. Ganadora de numerosos concursos nacionales e internacionales. En 2013 edita “Y sin embargo se mueve”, su primer libro que agotó dos ediciones. En 2014 edita “Manifiesto de las Conchudas”, un éxito que agotó en una semana la primer edición y del cual nace una obra de teatro homónima que lleva un año en cartel en diferentes centros culturales y teatros de Caba, Gba y en el Interior de la Provincia Bs As. Esta obra reconstructora de la locura como herramienta de aprendizaje, es dirigida, producida y protagonizada por ella misma, (en conjunto con Alejandro Guerrero, Juan Cámera, Julio Ortíz y Ariel Lusso) ya fue vista por más de mil personas y recomendada tanto en Argentina como en el exterior.

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