José Antonio Osorio Lizarazo: el intelectual y la ciudad

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En este texto Cristian E. Farfán desarrolla cuatros ejes referentes a la obra de José Antonio Osorio Lizarazo. Para observar la visión de la ciudad, la importancia de la novela social, su papel como intelectual y su contacto con el caudillismo, consulta sus artículos periodísticos y ensayísticos en las revistas y periódicos donde escribió nuestro autor.

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Para referirse a la visión de la ciudad en José Antonio Osorio Lizarazo es importante apuntar las características de los personajes de Bogotá de principios del siglo XX, además de observar la transformación de la estructura social urbana en los tiempos del escritor bogotano.

Abordaremos la novela social como modo para la transformación de una sociedad mencionando  los deseos de justicia y motivación del autor.

Indicaremos el fenómeno y papel del intelectual teniendo en cuenta las características subrayadas por José Antonio Osorio Lizarazo. Además, mencionaremos algunas relaciones intelectuales que lo rodearon.

La figura del héroe y el caudillo en José Antonio Osorio Lizarazo será nuestro último eje trasversal en indicar. En este eje se tendrá en cuenta las visiones políticas del autor, así como su papel apologético de figuras políticas.

La ciudad

Si pretendemos hacer un estudio sobre la ciudad desde la literatura es necesario fijar la mirada en la obra de José Antonio Osorio Lizarazo. Un hombre que observó la transición entre los siglos XIX Y XX y presentó, desde su manera periodística, ensayística y novelística, la Colombia de la primera mitad del siglo anterior.

La mirada a la ciudad, a través de los individuos, se hacía latente en las caracterizaciones de los personajes en sus obras. Estos personajes son el reflejo de una Bogotá envuelta en la miseria, en las inclemencias y en la desolación que provocaba la creciente urbanización y la incipiente industrialización de la tercera y cuarta década del siglo XX.

El “chino”, el artesano, el funcionario público, serán personajes de la realidad bogotana que Osorio Lizarazo pondrá en sus escritos describiendo las actitudes, las expresiones, las pasiones y cada uno de los ademanes de sus personajes.

Como periodista del periódico Mundo al Día, Osorio Lizarazo realizó una crónica sobre un personaje que tendría transformaciones durante de la primera mitad del siglo XX. Se trata del “chino” bogotano, un niño limpiabotas que tendrá ciertas características que no se encontrarán, luego, en los nuevos limpiabotas

Osorio Lizarazo se encargará de detallar cada una de las partes de sus personajes. Para describir al “chino”, Osorio Lizarazo apunta a la forma de su vestimenta. Dice Osorio Lizarazo:

Aquel “chino” típico, que se cubría con un destrozado vestido de “cachaco”, mangas de saco y de pantalón que había doblado veinte o treinta veces a fin de permitir el libre uso de pies y manos, casi siempre desprovisto de sombrero, con el rostro picaresco lleno de betún, se ha extinguido casi del todo con sus frases picantes, sus ocurrencias originales y sus actos admirables.[1]

Este pícaro y aventurero, como lo era el “chino”, fue unos de los personajes de las crónicas periodísticas de Osorio Lizarazo. Aquel individuo de la vida bogotana compartía fraternalmente su miseria con todos sus compañeros.  Vivía sin sobresaltos. Un individuo que se ajustaba a la creciente transformación de la vida urbana bogotana, donde no quería dejar lo estático de su vivir, sino más bien, intentaba huirle a la prisa de aquella sociedad acelerada.

Según Osorio Lizarazo, estás características del “chino” habían ido despareciendo a medida que el oficio del limpiabotas había pasado a ser una labor de hombres y había dejado de ser “una profesión de niños”. Es decir, aquel oficio había dejado ser simpático para todos[2].

Un elemento que podemos señalar en el cambio del “chino” al “limpiabotas adulto”, reside en la urbanización creciente de Bogotá. Campesinos que iban llegando a la ciudad se confundían en la etapa plena de la sociedad en transición. El individuo del campo colombiano que llegaba a la ciudad intentaba adaptarse al proceso de “secularización” e “individuación” y al proceso de comunicación entre individuos de divergentes culturas.[3] El limpiabotas se presentaba, entonces, como un individuo agresivo, altivo y hostil por el debilitamiento en el proceso de adaptación a la estructura social urbana.

El nuevo limpiabotas, o el limpiabotas adulto, adaptará su vida urbana desde las normas de su grupo y reflejará el cambio de la nueva estructura social bogotana. A comparación del “chino”, el nuevo limpiabotas será un individuo interesado económica, política y culturalmente: cuenta con un pequeño capital para comprar las loterías y venderlas; nombra la constitución política para referir que es ciudadano; va al cine, tiene esposa y se preocupa por aprender a leer.

La anomia o desintegración social[4] es un referente para observar en la obra de José Antonio Osorio Lizarazo. La urbanización bogotana de la primera mitad del siglo XX recibe individuos que no se adaptan a los cambios de conducta de la nueva estructura social.

En otro de sus artículos periodístico, Osorio Lizarazo describirá la calle del Paseo Bolívar en Bogotá. Esta calle se convirtió, durante las décadas iniciales del siglo anterior, en la “colmena del crimen”, en el lugar de los juegos de azar, de la chicha y de la prostitución.

Las personas disfrutaban de sus aspectos vivos como comunidad. La chicha la tomaban formando un círculo. La totuma giraba de mano en mano y de boca en boca. Se sentía una ambiente de fraternidad. Sin embargo, al amanecer, aparecían personas muertas, quienes después de haber recibido el “totumazo” de una mano amigable, recibían de ésta misma, las puñaladas que acabarían con sus vidas. Después de ver una pelea de dos niños, donde uno hacía un ademán de querer clavarle un palillo en forma de puñal al otro, pregunta Osorio Lizarazo a un niño por su nombre:

Pregunté a otro por su nombre. Tendría cinco años.

-Carlos Rodríguez- me dijo.

-¿Dónde está su papá?     -En la cárcel.

-¿Por qué?     – Porque le metió un cuchillo a su compadre y se le salieron las tripas.

-¿Cuándo ocurrió eso?     -La otra noche. Era que estaban borrachos, y él lo insultó.

– ¿Y a ti te han insultado?     -No, porque si alguien me dijera algo, también lo mataba.[5]

Pero Osorio Lizarazo no sólo se fijaría en los actos conflictivos de los individuos de aquel Paseo de Bolívar. También observará y escribirá  sobre la miseria en la que vivían las personas de la Bogotá de principios del siglo xx.

En el mismo artículo, el autor de La cosecha y Casa de vecindad, publicará cómo vivían las familias más pobres de los barrios marginales de Bogotá. Las casas construidas con diferentes materiales mostraban el paisaje urbanístico de la capital; en ellas habitaban hasta cinco familias quienes no tenían recursos para alimentar a todas las personas que convivían en ella. Se alimentaban de todo lo que encontraban en los basureros. Osorio Lizarazo describirá la higiene del lugar.

En las cañadas arenosas, llenas de piedras pulidas por el roce de innumerables pies descalzos, se aglomeran basuras de toda especie. Restos informes de ropas desdeñados por esas gentes, pedazos de esteras, huesos. Algunos canes famélicos husmean cuidadosamente estos montones, y a veces extraen con regocijo una piltrafa, que devoran con avidez.[6]

Para “El Solitario”[7], escribir no sólo era describir los paisajes de la ciudad, sino también señalar la injusticia y la desigualdad que se presentaba en los barrios más pobres de  Bogotá. Tal vez por eso Osorio Lizarazo era un poco incómodo para las personas de la élite bogotana. Denunciar la miseria en que se veía envuelta el ambiente de los barrios marginales de Bogotá reflejaba el amor a la justicia que impregnaba Osorio Lizarazo.

La novela social

Durante las primeras décadas del siglo XX, el papel del intelectual consistió en realizar un proyecto que formaba una cultura común entre los ciudadanos para generalizar el sentimiento nacional.[8] Como señalaría el mismo Osorio Lizarazo, el escritor debía tener un compromiso y una responsabilidad en la lucha frente a las atrocidades que se cometían en el país.

La novela debía despertar conciencia y ser instrumento de lucha, además de ser objetiva y sincera. En cuanto al escritor, debía estar del lado de los más débiles, compartir sus sufrimientos, sin olvidar sus orígenes y pronunciando los problemas de su medio social.[9]

Aquel escritor, que sólo se fijara en su “yo”, sin tener ninguna observación por el mundo colectivo, no era más que un ser egoísta rodeado de ideales ficticios. La novela era un reflejo y un producto de la realidad que atravesaban a cada individuo y  a cada grupo bogotano. Osorio escribiría un artículo en el diario El Tiempo sobre la novela social, criticando la comodidad y quietud de los que escribían sin ninguna motivación social. Escribe “El Solitario”:

En un mundo refinado y sutil, donde las esencias sentimentales provienen de una clase cómoda y sin inquietudes, la novela es también refinada y sutil y crea ejemplares interpretativos de sensaciones imaginarias, provocadas por episodios enteramente circunstanciales y a veces grotescos por la exaltación de un lirismo enfermizo y artificioso.[10]

La novela, para nuestro autor, no puede realizarse en medio de un egocentrismo. No obstante, es inconcebible desagregar en la novela los sentimientos del individuo. La colectivización es antinatural siendo ella sola. Por eso, el autor no sólo invita a rechazar la imagen individual del novelista, sino también a poner énfasis en la relación directa del individuo con la sociedad.

La novela de José Antonio Osorio Lizarazo es, tal vez, la primera en mostrar aquella realidad de la miseria en la vida de las personas de una ciudad latinoamericana. Osorio muestra en sus novelas las costumbres y tradiciones de un país, así como sus procesos de cambios en las estructuras sociales, la fisonomía de sus personajes y la desdicha política que le ha tocado vivir en Colombia. Todo en una gran armonía,  sin destilar un lirismo torpe o un comentario insulso en sus obras.

En 1936, en la revista Atenea de la Universidad de Concepción de Chile, el literato Mario Latorre publica  un artículo titulado “Sobre la novela en general”, que luego será publicado en el diario El Tiempo, mencionando la importancia de la novelística de José Antonio Osorio Lizarazo. Al empezar su ensayo, Latorre menciona los problemas y la desaparición de la novela latinoamericana. El alejamiento del fenómeno observado donde no se encuentra nada en la novela será una crítica de Latorre a la novela contemporánea de este continente. Sin embargo, dice Latorre, el novelista bogotano logra, con sus aciertos descriptivos, el relieve de sus caracteres y el drama de las escenas, además que recobra el impulso que había perdido la novela latinoamericana. Continúa Latorre:

Posee Osorio Lizarazo una cualidad primordial, en mi concepto, en el novelista: El equilibrio, la armonía de la composición. Ni el poeta, ni el paisajista, ni el estilista desentonan, por exceso de uno de sus componente, en el conjunto de su novela.[11]

Latorre  no sólo elogia la novela de Osorio Lizarazo, sino que critica el provincianismo de las editoriales colombianas. Éstas no publican, al menos, una pequeña biografía y bibliografía del autor. Era importante que dentro del ambiente literario latinoamericano se reconociera, mutuamente, los avances novelísticos de los autores y la literatura que se estaban desarrollando. El escenario editorial latinoamericano debía promover una reciprocidad de obras entre sus países.

Latorre pronunciaba la necesidad de conocer las novelas con producción latinoamericana para que, a partir de ellas, se conocieran las particularidades y similitudes de este continente. No es en vano mencionar que entre los países latinoamericanos existan similitudes en cuanto a la formación social, económica y política de sus sociedades, quienes fueron formadas a partir de ciudades con elementos de lo hispanoamericano.[12].

El intelectual

El valor de un individuo y un grupo es la reciprocidad de ambos. El intelectual no podría trabajar sólo en sus esfuerzos por mejorar la sociedad. No podría ser un visionario si su ambiente se compara al de un ermitaño. El intelectual no trabaja sólo, su “yo” se pregunta por su medio social, es decir, su “yo” está impregnado por los grupos que se mueven en su contexto. Esto pretende Osorio Lizarazo cuando define la novela contemporánea. Cruzar la realidad comparando a los individuos en consonancia a los grupos sociales. Cada individuo corresponde a un grupo social. [13]

Osorio Lizarazo habla desde su época. Fueron pocos los intelectuales de aquel periodo que percibieron los cambios y transiciones de la industrialización, urbanización, burocratización, y todo un complejo de la incipiente modernidad en Colombia.

Osorio Lizarazo escribirá en la revista de América sobre el poeta Español en exilio, Francisco Villaespesa. Relata el viacrucis del Poeta Andaluz en un periodo donde ser exiliado se convertía en la resistencia para el intelectual. Momentos difíciles que después viviría el mismo Osorio Lizarazo. Es importante observar el exilio de los intelectuales, pues varias de ellos padecieron el rechazo político del país de origen. Osorio Lizarazo se refiere al olvido de algunos poetas de “Nuestra América”:

Estaba España bajo la dictadura de Primo de Rivera, que no era excesivamente gentil con los escritores, a no ser aquél a quien Blasco Ibáñez denominó “El Carretero Audas”, y poetas o escritores andaban buscando un acomodo, un hogar, un refugio en el extranjero. Nuestra América, con excepción de Buenos Aires, no es muy generosa con sus escritores, sino que deja morir a sus poetas de hambre.[14]

No deja de ser importante el papel del intelectual que hay de trasfondo en un personaje como Villaespesa: un escritor abandonado por su nacionalidad, que tiende a cambiar su color de piel, como el camaleón que se camufla, para poder sobrevivir.

La primera mitad del siglo xx tendrá un tipo de intelectual en particular, quien se convertirá en un personaje que estará dentro de las élites políticas de los países latinoamericanos. Igualmente, el intelectual, en su afán de conseguir sostenibilidad, creará productos intelectuales de baja calidad.

La magnífica descripción de la dependencia de los poetas colombianos con los poetas españoles la realiza con el caso de Gustavo del Castillo, “El Vatecito”, poeta bohemio, quién en su pueril espíritu llegó hasta donde yacía enfermo Villaespesa a derramar sus lágrimas por él.

Se cuestiona la posición de Osorio Lizarazo frente a su papel político. Sin embargo es un papel que cumplirán los intelectuales de su época. La capa social, como es llamada a la “intellisentsia” por Karl Mannheim, flotará en medio del advenimiento político y social. Los que reclaman por la posición servil de Osorio Lizarazo cuestionarán, sólo, su actitud negativa frente a los políticos colombianos.

El caudillismo

No podemos omitir el ensalzamiento de algunos políticos en la obra de Osorio Lizarazo. Su paso por Republica Dominicana tuvo repercusiones en el ambiente político colombiano, pues Osorio Lizarazo lideraba los escritos al buen gobierno de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo.[15]

El alemán Ernesto Volkening en uno de sus ensayos sobre Osorio Lizarazo resalta el carácter de resentido y mal genio del escritor bogotano. Un carácter que era visto en las discusiones de café.  Una vez Volkening resultó conversando con Osorio y a los diez minutos el bogotano ya había empezado una acalorada discusión. José Antonio había admitido, desde su desconocimiento, admiración por la personalidad de Hitler. El alemán, quién conocía la situación de su país, criticó amargamente la posición del bogotano.   Para Volkening, la predilección apologética de Osorio Lizarazo por algunos líderes políticos, no revelaba un servilismo, sino que era el deseo rebelde por discutir.[16]

En Colombia se conoce a José Antonio Osorio Lizarazo como uno de los intelectuales que se acercó al dirigente político liberal Jorge Eliecer Gaitán. Realizó una biografía sobre el caudillo publicando la obra Gaitán: vida, muerte y permanente presencia. Sin embargo el Caudillo lo defraudaría cuando, al parecer, se hizo el enfermo ante el levantamiento del pueblo en una huelga general.

En una correspondencia entre Osorio Lizarazo y el poeta Eduardo Carranza, el primero le dirige la misiva, desde Caracas el 24 noviembre de 1947, contándole sobre el motivo por el cual salió de Colombia. Dice la carta:

Dos o tres cartas que te dirigí desde Bogotá se quedaron sin respuesta: y en una de ellas te explicaba las razones por las cuales me vine de Bogotá. Como recordarás, una de ellas es la traición intelectual de Gaitán, que ha continuado fiel a su ambición presidencial, muy justa y legítima, pero alcanzada por transacciones, connivencias , complacencias y otros sistemas parecidos, cuando hubiera podido seguir un camino recto y puro, en pos de ideales que me fueron perfectos.[17]

Osorio nunca le perdonaría a Gaitán la negativa para dirigir un golpe revolucionario tras la derrota liberal en 1946. Osorio, en su afán por implantar las reformas liberales, realizaría una conspiración con algunos militares con el fin de impedir la verificación del relevo de partidos. Gaitán, desde su posición de abogado, nombró la constitución y prefirió la institucionalidad vigente para llegar a la presidencia.[18]

Conclusión

Estudiar la obra de José Antonio Osorio Lizarazo es transitar por la Bogotá en el despertar del siglo XX, reconstruir los pasos de una escritura que no se resiste al influjo de la realidad cotidiana, asistir a la construcción de la figura del “intelectual comprometido” en el entramado social, es la política colombiana en un autor con un deseo rebelde de discutir.

Vimos como a partir de sus personajes, aquel “chino” bogotano, se trasluce la cotidianidad de una ciudad, las transformaciones culturales que irían determinando la Bogotá del siglo XX, la cruda urbanización de la capital colombiana. En los espacios de marginalidad: la violencia descarnada del Paseo Bolívar o la injusticia y desigualdad de los barrios pobres. Cada descripción del autor es la muestra de la anomia generalizada.

Analizamos la novela social como una expresión del compromiso del intelectual, en especial del escritor, frente a la realidad social, política y económica. El intelectual que escapa del ensimismamiento y del egoísmo, que está atento a aquel período de cambio: la industrialización, la urbanización, la burocratización, en resumen, el complejo de la incipiente modernidad en Colombia. Por último, la contradictoria relación que tuvo Osorio Lizarazo con los líderes políticos, donde se muestra ese deseo irrefrenable por discutir y el liberal que nunca le perdonaría a Gaitán la negativa para dirigir un golpe revolucionario tras la derrota liberal en 1946.

[1] José Antonio Osorio Lizarazo, “Nada queda de aquel admirable “chino” bogotano que inspiró a los artistas. Los actuales limpiabotas se han aburguesado sin ser burgueses”. Mundo al Día, Bogotá, 13 de noviembre, 1926, pág. 14.

[2]   José Antonio Osorio Lizarazo, “Nada queda de aquel admirable “chino” bogotano que inspiró a los artistas. Los actuales limpiabotas se han aburguesado sin ser burgueses”. Mundo al Día, Bogotá, 13 de noviembre, 1926, pág. 15.

[3] Alejandro Blanco (selección de textos y estudio preliminar), Gino Germani: la renovación intelectual de la sociología. (Buenos Aires: Editorial Universidad Nacional de Quilmes, 2007), pág. 62.

[4] Se recomienda observar las obras de E. Durkheim El sucidio y La división del trabajo social. También se recomienda la obra de Florian Znaniecki y William I. Thomas El campesino polaco en Europa y en América.

[5]   José Antonio Osorio Lizarazo, “Una ciudad de trogloditas que envía su eterno contingente a las cárceles. La urbe generosa tiene también su corte de los milagros”. Mundo al Día, Bogotá, 9 de octubre, 1926, págs. 16-17.

[6] José Antonio Osorio Lizarazo, “Una ciudad de trogloditas que envía su eterno contingente a las cárceles. La urbe generosa tiene también su corte de los milagros”. Mundo al Día, Bogotá, 9 de octubre, 1926, págs. 16-17.

[7] Seudónimo de José Antonio Osorio Lizarazo.

[8] Oscar Calvo Isaza, “Biografía de nadie. José Antonio Osorio Lizarazo (1900-1964)”. (Tesis de Maestría en Historia,  Escuela Nacional de Antropología e Historia, 2005), pág. 91.

[9]   Felipe Vanderhuck Arias, La literatura como oficio: José Antonio Osorio Lizarazo 1930-1946 (Medellín: La Carreta Editores – Universidad ICESI, Cali, 2012), pág. 42.

[10] José Antonio Osorio Lizarazo, “Un aspecto de la novela contemporánea. El autor, el personaje y el individuo”. El Tiempo, Bogotá, 9 de enero, 1955.

[11] “Osorio Lizarazo, juzgado en Chile”. El Tiempo, Bogotá, 2 de agosto, 1936.

[12] José Luis Romero, Latinoamérica: Las ciudades y las ideas. (Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores, 2011).

[13] Karl Mannheim, Ensayos de sociología de la cultura. Hacia una sociología del espíritu. El problema de la “intelligentsia”. La democratización de la cultura. (Madrid: Editorial Aguilar, 1957).

[14] José Antonio Osorio Lizarazo, “Villaespesa en Bogotá”, Revista de América Vol. 1: No 1 (1945): 157-159.

[15] Edison Darío Neira Palacio, La gran ciudad latinoamericana. Bogotá en la Obra de José Antonio Osorio Lizarazo. (Frankfurt  am Main: Hispanistische Studien, 2002), págs. 206-208.

[16] Ernesto Volkening, “Literatura y gran ciudad”, Revista Leer y Releer. No 76 (2015): 5- 32.

[17] Correspondencia recibida por Eduardo Carranza entre 1943-1949. Disponible en el archivo digital de la Biblioteca Nacional de Colombia. http://catalogoenlinea.bibliotecanacional.gov.co/client/es_ES/search/asset/72195.  Accedido en 1/9/2015.

[18] Oscar Calvo Isaza, “Biografía de nadie…” 104-105.

 


Sobre el autor: Cristian E. Farfán Naveros. Estudiante de Historia, Universidad Nacional de Colombia. Ha participado en el II Congreso Colombiano de Estudiantes de Historia y Licenciaturas en Historia que se realizó en la Universidad de Antioquia  en la ciudad de Medellín y en el XIII Encuentro de Estudiantes de Historia realizado en la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín. Son de su interés la historia social, la historia intelectual y el estudio de las teorías historiográficas.

Correo: cfcristianfarfan@gmail.com

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