La vena que golpea la sien

la vena 3

 

En la tercera entrega de LA VENA QUE GOLPEA LA SIEN compartiremos  “El encierro” cuento del uruguayo Carlos Daniel Telechea y “No hay mal que por bien no venga: Mentira” de Belén Ceja.

 

***

CARLOS DANIEL TELECHEA 

URUGUAY 

El encierro

La mañana era tranquila. Apenas si se lograba ver un poco de movimiento entre los arbustos cuando una vaca perdida pasaba cerca de la garita. Los vidrios, empañados por las respiraciones, chorreaban dejando listones irregulares. Por la ruta, que apenas si se distinguía entre los pastizales, todavía no pasaban los camiones.

–¿No trajiste la radio hoy? El tiempo pasa más despacio.

Gustavo no quería insinuar nada pero cada vez que hablaba parecía lo contrario.

–Pudo ser peor –respondió–. Por lo menos se puede conversar.

–Sí, claro –suspiró Erika–. Igual, sólo hace dos semanas que estamos acá y ya nos hemos puesto al día.

Rio y le brillaron los dientes.

–Eso sí. ¡No sé para qué nos pusieron a cuidar este depósito mugriento! Capaz que tienen miedo que se les meta una vaca.

Aquel espacio era apenas suficiente para mantenerse en pie. Si uno quería sentarse el otro tenía que salir.

Los uniformes azules, recientemente estrenados, les daban a aquellos guardias la apariencia de policías.

–Sí. Ya sé tu historia, Gustavito… Es increíble que nos hayamos vuelto a encontrar. ¿No?

–No sé. Cosas de la vida, supongo. A veces pasa.

–Yo después del liceo creí que no nos íbamos a ver nunca más. Y con mis amigas, inclusive.

–Bueno –pensó en voz alta él–. En realidad ya no nos volvimos a ver como éramos. En cierta forma ya no nos volvimos a ver. ¡Tenías razón!

–¿Y en qué cambié? –preguntó Erika apoyando la espalda en la madera que servía de mesa escritorio.

–Digamos… –titubeó Gustavo– digamos que ahora ya no sos la flaquita que conocí.

Y era cierto. Erika había ensanchado sus caderas, agrandado sus senos y la verdad que de aquella muchacha no quedaba nada. Ahora el pelo caía en rulos sobre sus hombros.

Erika se dio cuenta de que la inmediatez de su cuerpo tenía efectos poderosos sobre la conducta de Gustavo. Pero dar rienda suelta a los impulsos que también en ella existían le parecía una traición imperdonable. No solamente a su marido, sino a sus hijos. Y claro está, a Raquel, la esposa de Gustavo. ¡No podía hacerle eso a Raquel!

–Pero vos, Gustavo. ¿Estás bien con Raquel?

–Y… los problemas de la convivencia. Viste que es muy desgastante.

–¿Todavía están enamorados?

–Sí, claro. Es la madre de mi gurí. ¡Cómo no la voy a querer! Lo que pasa que con los años… inevitablemente…

–Hum. Lo que vos me estás diciendo es que no la querés -Erika dio medio paso hacia adelante.

Cuando se volvieron a poner los uniformes no sabían qué decir.

A la semana siguiente era el cumpleaños de Arturo, el esposo de Erika y Gustavo y Raquel estaban invitados. Arturo había insistido. Gustavo no quería ir y ponía excusas, pero Erika llegó a insinuar que era mejor que fueran, porque Arturo era muy celoso y capaz que desconfiaba.

Para sorpresa de Gustavo, Raquel parecía sentir rechazo por ir a la casa de Erika.

–Ya te dije –repetía– si vos querés ir, podés ir solo. Yo prefiero quedarme en casa con el Nico.

–¡Pero no seas boba! ¡Si vamos un rato nada más!

Y cuando quedaba a solas, con la luz apagada, Gustavo se desbarrancaba por largos y sinuosos razonamientos culpables.

«No sé por qué lo hice. Es que… Es que está tan buena. No creí que le fuera a meter los cuernos a Raquel. No, no. No se lo merece. Pobre. Ella siempre atrás mío. Y yo. Yo, ¿cómo le pagué? Bueno. Soy sólo un ser humano. Tampoco soy un robot. Y ella… Ella me buscó. Sí. Me buscó desde el primer día. Porque la manera en que me sonreía era una invitación. Claro. Y después de todo. Ocho horas ahí adentro, encerrados. Yo no me quejo porque… Bueno pero… ¡Ay! ¡Qué horrible ahora enfrentarme a esa familia! ¿Cómo lo miro a Arturo a los ojos? El loco es bien. Sí, sí. No tengo nada para decir de Arturo, pero yo… no soy un robot. Y… ese perfume que se pone Erika. Esa forma que tiene de tratarme. Me hace sentir que todavía tengo dieciocho años. Nada que ver con Raquel. Nada que ver… ¡Pobre Raquel!»

Y fueron al cumpleaños.

En un momento estaban en la cocina Arturo y Gustavo. Hablaban de estupideces. De pronto el festejado se puso serio. Miró el whisky a contraluz. Golpeó la mesa.

–Mirá Gustavo –dijo– hace años que nos conocemos y siempre me caíste bien. Con Erika hablamos mucho entre nosotros y de las cosas que nos pasan. Es una buena manera de conservar el matrimonio…

Gustavo miró por la ventana y empezó a temblar.

–Y ella me contó. Me contó todo, bah.

–¿Todo?

–Sí, sí. Me contó todo.

–Arturo, yo…

–Me dijo, sí, que con Raquel las cosas no van bien. Yo sé que ella es la madre de tu hijo. Y también sé que todos tenemos derecho a cambiar. ¿No te enojás si te cuento algo?

–No.

Gustavo aflojó los músculos de las piernas.

–Raquel y yo nos encontramos hace un tiempo. Yo no sabía nada de que ustedes dos se habían casado. Me dijo que se había separado del marido pero no te mencionó nunca. Te juro que yo no sabía que eras vos. Te juro. Si no, lo hubiera pensado de otra forma.

–¿Y qué pasó? –preguntó Gustavo arqueando las cejas.

–No quiero entrar en detalles, Gustavo. No quiero lastimarte. Pero me mata la situación porque sos buen tipo y te estimo. Necesitaba hablarlo contigo.

«Lo mato. Yo lo mato –pensó Gustavo acariciando el vaso–. ¡Se la cogió! ¡Se cogió a Raquel! ¡Con razón no quería venir! ¡Hijos de puta! ¡No te puedo creer! ¡Ah! ¡Qué asco me dan! ¿La habrá puesto en cuatro patas como a ella le gusta? ¿Se lo habrá chupado?»

Gustavo reflexionó un poco más, miró a Arturo a los ojos.

–No pasa nada, che. Somos todos adultos –dijo tragando saliva.


CARLOS DANIEL TELECHEA nació en Montevideo en 1977. Es docente en Enseñanza Media en institutos públicos del departamento de Canelones. Los textos del autor pueden leerse en su blog Viernes Roquero.

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BELÉN CEJA

MÉXICO

No hay mal que por bien no venga: mentira

 

           “A ti, por tus incomprendidas maneras de querer.”

Belén Ceja

 

—¿Qué paso comadre? —Pregunta mi vecina, mientras me limpia la sangre del pómulo izquierdo.

Claramente la culpa es una obviedad incomprendida, algo que señalan todos los manuales.

—Puede ser, Mariana, que mi falda fuera demasiado corta —en la memoria la imagen de Humberto tomándome del cuello,insultándome, golpeando mi cabeza contra la pared hasta hacerme perder el sentido, porque contra su metro ochenta y  casi cien kilos no puedo hacer nada.

—No, Mariana, él me quiere —le digo mientras me cubro los moretones con maquillaje—. Sí, Mariana, me quiere —sigo explicándole mientras me enjuago las lágrimas. Vuelvo al terror emocional, porque la memoria es una puta traidora, débil y mentirosa.

Nunca me considere una mujer sumisa, defendí mis ideales de una manera soberbia, hasta que un día me reconocí víctima. Él un dubitativo insoportable. Después de los gastados lamentos conyugales, procedió el maltrato, la opresión del Ser libre y venturoso, envuelta en una relación obviamente desquiciada, melodramática y violenta.

Calladita te ves más bonita mi vida. No me interrumpas cuando hablo. No te metas en lo que no te importa. Las palabras de Humberto, un hombre misántropo producto de la sociedad en donde le tocó nacer.

—No mi vida, te lo juro. No lo volveré a hacer —rogó—. Me sacó de quicio verte con ese color de labios rojo pirujo —la primera vez que me pegó me hizo entender que me lo merecía, sus celos eran justificados. Cuando me preguntaron dije que me había caído.

Finalmente un acto verdaderamente poético, salir de una vida de misoginia y maltrato, reemprender el vuelo y escapar del pendejo de Humberto

—¡Mariana, ábreme! —grito, tocando la puerta de mi vecina. Me persigue, no abre nadie, veo como se asoma alguien por la ventana, pero ya es tarde, me toma de cuello me arrastra hasta la casa y me da la  paliza número 258, agarro el cuchillo de la cocina sin que él lo note  y lo clavo sobre su arqueada espalda.

Hoy escribo desde la cárcel.

Soy libre.


BELÉN AMARIS CEJA RAMÍREZ: (03/06/1990, Zamora, Michoacán, México.)

Escribe poesía, cuento y narrativa  ha participado en el  XIX Encuentro internacional de poetas de Zamora Michoacán (México 2015) XIII Encuentro internacional de Poetas del circulo poético orensano (España 2015) ha publicado un poemario breve llamado fragmentos de mi mente (2011) El último suspiro (2014) Antología XIX Encuentro internacional de poetas 2015, de la colección voces del círculo poético orensano, ha colaborado en la revista “La noche de las letras” (Colombia) y la paquetería (España), participando con algunos de sus poemas.

Email: lunax_98@hotmail.com  Fb: fulana de tal

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