El hombre que se hizo luz / Edilson Villa

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“El hombre de ayer no es el mismo al de hoy; y el de hoy no será el mismo al hombre de mañana”.

Heráclito

Antes de que Gutenberg inventara el tipo móvil, por el año de 1450, los libros eran manuscritos; se cuenta que 45 amanuenses, trabajando durante dos años bajo la dirección de Cósimo di Giovanni de Médici, produjeron solamente 200 volúmenes; en sorprendente contraste, durante el primer medio siglo, después de la invención de la imprenta, aparecieron en Europa aproximadamente 10 millones de libros, comprendiendo 40 mil títulos, obra de cientos de impresores en plena actividad. Hoy, más de 5 siglos después, es posible encontrar títulos que logren por sí mismos, más de 10 millones de ejemplares, impresos en varios idiomas; y aunque no conocemos de estadísticas que nos permitan conocer la producción real de libros en el mundo entero, es seguro que la cifra anual de libros editados alcanza varios cientos de millones.

Hoy en día, sería muy difícil vivir sin los libros, pero precisamente su abundancia y la facilidad para adquirirlos, es lo que ha hecho más rigurosa la tarea y más inaccesible la gloria del escritor; es por ello que, encontrarse con libros como “El Faro”, del médico psiquiatra, psicólogo y escritor Silvio Hoffman, me resulta tan reconfortante, justo ahora que, paradójicamente, hay tantos libros y tan poco para leerse.

Después de leer “El Faro”, de Hoffman, siente uno la necesidad fisiológica y ontológica de referirse a su obra, de hacer algún comentario digno de su trabajo, de decir algo que le haga justicia y que retribuya en parte todo lo que nos ofrece con este maravilloso collage, donde recoge parte de sus visiones del mundo (como hombre, como científico y como artista), sus interpretaciones filosóficas y literarias a los textos que ha leído y que más lo han movilizado, los cuales escribe entre comillas y comenta, dialogando con ellos, al mismo nivel del autor que está abordando; compendio donde nos deja ver, atravesado por una sensibilidad poética desbordante, algunos de los apuntes que ha redactado sobre sus pacientes (o los apuntes que los mismos pacientes escriben en talleres que él les dirige), donde junta algunos de sus poemas, sus cuentos, sus aforismos y un novedoso capítulo donde explica, psicoanalíticamente, la personalidad de ciertos árboles que ha encontrado a lo largo de su vida y que trata como si también fueran sus pacientes.

Sin lugar a dudas que Silvio Hoffman nos entrega aquí una obra esencial, depurada por el tiempo y por el sosiego de sólo tienen los hombres sabios, que aparte de su importancia científica y humanística, nos alegra el espíritu y nos renueva la fe en la buena prosa (cuando debe ser prosa), y en los buenos versos (cuando deben ser versos).

Gadamer dice que “escribir es buscar la palabra”, y eso justamente es lo que encontramos en este maravilloso libro; porque aquí, como en una buena pieza de música, todo está en su lugar, nada le sobra ni nada le falta; en “El Faro” no hay ripios, ni rellenos, ni cargazón. Si bien este libro es algo voluminoso (más de 400 páginas), tiene la virtud que lo puedes abrir y leer en cualquier parte.

Silvio Hoffman escribe para mostrarnos quiénes somos y qué hacemos en el mundo, para agregarnos conocimiento y belleza; y lo hace como un gran esclarecedor; escribe por una pulsión natural auténtica. Se nota en el escritor una necesidad de confesarse, de aportar datos y conocimiento para los demás. Ese es, en mi humilde opinión, el principal aporte de este libro y de este escritor. Hoffman escribe textos que nos ayudan a ser mejores, que le aportan a la cultura. Todas sus palabras dependen sólo de sí mismas. En nuestro autor encontramos reconciliadas las dos posiciones que generalmente se observan antagónicas: el arte comprometido y el arte por el arte. Hoffman lo logra de una manera muy sencilla: siendo auténtico.

Todo lo que importa y vale en este mundo, es lo que legitima nuestra condición de seres humanos; es lo poético, sea con palabras, sea con la ciencia, sea en artes plásticas, sea en actitudes humanas. La poesía, vista en todo lo que nos rodea, es la posibilidad real de ser del hombre, su posibilidad de crear; estamos hablando del lenguaje. Cuando hay una urgencia auténtica, como la de Hoffman, de comunicar una experiencia íntima o nuestra percepción del mundo exterior, la voluntad expresiva crea la ordenación de las palabras, que es estricta.

Silvio Hoffman, filtrado en cada página por inquietantes ideas metafísicas, rompe los conceptos de la geometría euclidiana, destruye las direccionales de tiempo y espacio, y en una especie de panteísmo lírico, a veces nos hace sentir que todo está en todas partes, desarrollando así, mucho más que meras ideas filosóficas.

La imprenta le ha hecho mucho mal a la literatura. Hoy en día hay mucha facilidad para publicar, sería bueno volver a la dificultad del manuscrito, o al menos, que se publique lo que realmente valga la pena hacerlo. Estoy seguro que Silvio Hoffman, con este portentoso collage, ya tiene asegurado un lugar entre esas obras que sí vale la pena editar, porque nos expresa una realidad evidente.


Edilson Villa. Colombia. Filósofo y poeta colombiano, radicado en Buenos Aires (Argentina), desde comienzos del 2013, donde, además de pulir sus versos y divulgar su obra literaria, trabaja como editor en PROSA Amerian Editores y hace parte del consejo directivo y editorial de la Revista Literaria PROA. Le han publicado sus poemas en varias antologías, periódicos y revistas de toda Ibero-América. Entre sus libros más destacados, se encuentran “Poesía temprana”, “La danza de las mariposas”, “El sendero del fuego”, “La primera línea del arco iris”, “El espíritu del sable”, “Aula 206”, “El bonsái seco” y “La sal del ancla” (con 3 ediciones en Argentina); en pocos días, presentará su más reciente libro de poesía “El haikú de la escalera”. Además de cultivar su trabajo literario, se desempeña como Timonel  y como Patrón de Yate a vela y a motor de la Prefectura Naval Argentina, actividad que le ha permitido conocer varios puertos del cono sur y nutrirse con el paisaje y con nuevas experiencias, propias de la condición humana, elementos que se hacen tan presentes en toda su poesía.

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