APROXIMACIONES DE MOVIMIENTO Y PERSPECTIVA, por Gustavo Iñiguez

 

En el arte, el lugar que se le otorga al espectador, importa. De ahí la posibilidad de diálogo y sorpresa para que se produzca la atracción o el rechazo. Todo comienza con un planteamiento de misterio que se develará propiciando la sensación de que se ha accedido, por un instante, a la sabiduría. Cuando en 1952 se expuso por primera vez en Madrid el cuadro Cristo de San Juan de la Cruz (1951) de Salvador Dalí, fue catalogado como poco ortodoxo por los católicos que tenían una imagen preconcebida del momento de la crucifixión: el cuerpo visto de frente como lo había presentado la amplia tradición de la pintura, con notables ejemplos en la tradición española. En su respuesta, el artista argumentó que se inspiraba en uno de los dibujos de San Juan de la Cruz, del que suponía se le había revelado al santo en una situación extática. Sobresale, en el dibujo de San Juan de la Cruz (visto desde arriba), el clavo de la mano izquierda:

 

Esa mano izquierda del Mesías puso
la oreja en su lugar, zurció la herida
con hilos invisibles, la herida que había
separado la oreja del sonido.

 

En este primer plano se establece el principio del misterio e incita el diálogo, sobre todo porque el discurso que plantea la pintura de Dalí prescinde de los elementos emblemáticos del sufrimiento de Cristo. Desde otra perspectiva (menos sacra) el poeta uruguayo Rafael Courtoisie también coloca en primer plano un clavo para determinar el eje coyuntural en su poemario más reciente. La primera referencia en el discurso es a Jesucristo, como lo demuestran los versos citados. Desde otra posición, y con pericia, consigue delinear el espectro doloroso que envuelve a este elemento que en el imaginario católico se asocia, inevitablemente, con el sufrimiento de Cristo, para alcanzar esta comparación:

 

El martillo me golpea
a veces y me doblo
como un ser
humano.
[…]
Un clavo es como un hombre
lo encorvan las penas, la edad
los golpes, los sentimientos.

 

La escritura de Courtoisie es amena y perspicaz. Los giros imaginativos alrededor del clavo nos llevan del tornillo al alfiler y a la aguja para introducirnos en la genealogía. Ejecuta sus recursos para conseguir metáforas que le van otorgando distintas perspectivas a su propuesta, para que el lector vaya contemplando, desde una posición renovada, la misma imagen. Así como Dalí consigue la sorpresa al representar una imagen poco común de la crucifixión, Rafael Courtoisie con la misma sensibilidad se va desplazando por el lenguaje para representar, desde una aproximación distinta, el mismo elemento, renovado:

 

La lanza en el costado
abre una boca
donde mana
el misterio
la lanza en el costado
abre la noche.

La luz reza en los clavos
su palabra oscura.

 

La profundidad que se percibe en Diario de un clavo permite la concepción de un espacio necesario para que se experimente lo que es, para mí, esencial en el momento que se da el encuentro con el arte: la hospitalidad. Es pues, el poemario de Rafael Courtoise, un libro hospitalario que le permite a uno estar. Y la estancia en estas páginas es una grata experiencia, comparable a la de haber contemplado, con asombro y admiración, el cuadro que propició la ensoñación:

 

¿Sangra?

No, no sangra, sólo queda
un agujero perfecto
en la miga.
El clavo hincado
en la carne
del pan.

Gustavo Iñiguez


Sobre el autor: Rafael Courtoisie nació en Montevideo en 1958, es poeta, narrador, ensayista, docente, periodista cultural. Se formó en química y aunque jamás ejerció dicha profesión, el conocimiento científico es un elemento que no pasa por alto en su corpus poético, tornándose visible en gran parte de su obra.
Antes de cumplir los 20 años publicó su primer poemario (“Contrabando de auroras”, 1977), años duros para un pequeño país preso de una feroz dictadura. Su impronta y decir fresco no pasaron inadvertidos y rápidamente se convirtió en una de las voces más importantes de la Generación de la Resistencia.
Hoy, a casi cuatro décadas de la edición de su primer libro, Courtoisie es uno de los escritores uruguayos con mayor reconocimiento a nivel internacional y una de las voces poéticas preponderantes en Latinoamérica. Ha publicado más de una veintena de poemarios, además de varias novelas y libros de cuentos. Su obra ha sido traducida al inglés, francés, italiano, portugués, rumano, entre otros idiomas.
Se desempeñó como docente a nivel terciario en varias universidades de Estados Unidos e Inglaterra, actualmente es miembros de número de la Academia Nacional de Letras, ocupando el sillón Juan Zorrilla de San Martín, sillón llamado “El poeta de la patria”.
Obtuvo premios a nivel nacional e internacional en los que se destaca el Premio Internacional de Poesía Plural con el libro “Textura”, jurado presidido por el poeta argentino Juan Gelman, el VIII Premio Fundación Loewe, con el poemario “Estado sólido”, jurado presidido por Octavio Paz. Con “Música para sordos” obtuvo en el año 2002 el Premio Jaime Sabines. En 2011 es reconocido en Cuba con el premio José Lezama Lima por su libro “Tiranos temblad” y en 2014 “Parranda” es distinguido en España con el Premio Casa de América de Poesía.

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